Wednesday, December 9, 2009

Un Cascanueces con un poquito de ruido, pero con muchas, muchas nueces.


photography by Bernardo Dieguez



El Ballet Clásico Cubano de Miami, tras una Giselle, un Lago, un Corsario y una Carmen extraordinarios, a tanta o más altura quizás que las puestas de otras compañías con mayor apoyo financiero –y/o ambientes más propicios para la alta cultura–, repone su Cascanueces navideño del 2008, en edición corregida y aumentada, donde felizmente ha logrado invertir el popular adagio de “Mucho ruido y pocas nueces”; y si no fuera por el breve y molesto ruido del aparato que echaba nieve falsa hacia el escenario, lo hubiera logrado aún mejor: “Ningún ruido y muchas nueces”.El Cascanueces es un ballet basado en el cuento El Cascanueces y el Príncipe de los ratones, de Ernst Theodor Amadeus Hoffman, con coreografía de Lev Ivanov, el asistente de Marius Petipa –quien aprobaba y hasta modificaba a veces las creaciones de Ivanov– y música de Piotr Ilich Chaikovski; estrenado el 18 de diciembre de 1892 en el teatro Mariinsky de San Petersburgo, Rusia. A pesar de su bellísima música, es considerado un ballet “para niños”, y las principales compañías lo han asumido más como una bonita tradición navideña que como un tour de force para sus bailarines.
No obstante estos “prejuicios”, yo diría que la calidad y la altura de una compañía de ballet puede juzgarse perfectamente por el rigor y la seriedad con la que aborde esta “tradición navideña”, y el Ballet Clásico Cubano de Miami ha vuelto a romper el listón una vez más, tal y como ya lo hizo con los “hermanos mayores”, por así decirlo, de El Cascanueces.
Con un programa de mano de agradable diseño y abundante información –que debió haber estado también en español por razones obvias– el Ballet Clásico Cubano de Miami recibió al numeroso público que acudió a disfrutar de la representación de El Cascanueces en el Teatro Artime de Miami durante los días 5 y 6 de diciembre del 2009, aunque la atención en la venta de tickets en taquilla dejó bastante que desear, al menos el primero de estos dos días –que fue cuando yo asistí–, así como el vestuario del personal encargado, que no debe ir en tennis al teatro, y mucho menos si se trata de una dama que representa al BCCM.
(Uno de mis mejores recuerdos del Teatro Kírov –hoy Mariinski– de Leningrado/San Petersburgo, es la pulcritud y la elegancia del personal en taquilla y de las acomodadoras que me atendieron las trece veces que asistí en 1990, antes de la desaparición de la U.R.S.S.)
Ticket en mano, cortesía del BCCM, aguardé la media hora de retraso que tardó en comenzar la función, pero la corta espera valió la pena, porque desde el bello preludio la partitura del genial músico ruso me volvió a enamorar, y al abrirse el telón, mi primera impresión fue completamente favorable: un vestuario elegante y de agradable diseño; unos pocos muebles ‘de época’, para dar el ambiente correspondiente al invierno del siglo, y un telón de fondo donde mediante imágenes proyectadas se recreaba el interior de la mansión de los Stahlbaum, con la nieve “virtual” cayendo ininterrumpidamente, como corresponde al invierno del año, y el árbol de Navidad protagonizando la escena, alternando fugazmente con visiones de ángeles.
Esta representación miamense de El Cascanueces contó con un Presidente Stahlbaum –el padre de Clara María– de verdadero lujo: el reconocido actor y ex-bailarín mexicano Ariel López Padilla, quien enriqueció la escena con su elegante organicidad y prestancia; acompañado por una bellísima y grácil –haciendo honor a su nombre– Grace Anne Powers, en el rol de su esposa.
(Ojalá que esta participación de un actor de renombre en el mundo del ballet no sea una excepción, y que se convierta en una especie de “tradición”, como la de la figura invitada a la opereta El Murciélago, de Strauss).
Los hermanos Stahlbaum fueron deliciosamente interpretados por Michelle Chaviano, una Clara María en verdadero rol de bailarina –a diferencia de otras versiones menos rigurosas–, y Brian Bender, eficaz y simpático como el payaso y malcriado Fritz.
John Sheafter, como Herr Drosselmeyer, el Consejal padrino de ambos, rompió el esquema de edad provecta cuasi establecido para el personaje, y nos brindó una interpretación joven y fresca, brillando hasta como “partenaire” de Clara María en varias ocasiones.
Entre los padres “increíbles” –o de la fiesta– , muy saludable la presencia de dos destacados actores del patio, Joel Sotolongo, Roberto Pichardo y Leandro Peraza, y del fotografo Bernardo Dieguez, entre los niños invitados, la de Eriberto Jiménez, notable por su expresividad y su mímica actoral, muy acorde con el desarrollo dramatúrgico de la escena.
Todos los bailes de grupo –hasta seis parejas en escena–estuvieron caracterizados por su excelente acople y fluidez –Ariel y Grace resplandecieron cuando ocuparon el centro del “salón” – y la pantomima, cuando la criada trajo las golosinas para el árbol, se destacó por su comicidad y buen gusto.
Walter García (¿Ivanov?), como el asistente con antifaz de Herr Drosselmeyer (¿Petipa?), inició su desempeño técnico con una bravura que iría in crescendo en los diferentes roles interpretados por este prometedor bailarín a lo largo de toda la función.
Una nota un poco discordante en el primer acto fue la caja de regalo de donde salen Arlequín y Colombina, por su diseño tan colorido y fuera de época, pero, envoltura aparte, Claudia Alber y Gleidson Vasconcelos estuvieron muy precisos como los emblemáticos muñecos de la Comedia del Arte, y Sara Mignano y Brian Bender –salido momentáneamente de su rol de Fritz–, como el soldado y su media naranja que emergen a continuación de la caja, brindaron un baile muy bien coordinado y fluido.
Brian Sender, ya de vuelta a su rol inicial de Fritz, debe ganar altura en sus saltos y acoplar mejor la pantomima de la trompeta con el sonido grabado, aunque su rotura malcriada del Cascanueces sí fue resuelta con una muy buena secuencia y dramaturgia.
El efecto del reloj “virtual” del fondo, avanzando hacia la medianoche, constituyó una sorpresa muy novedosa, así como el del árbol de Navidad que se agiganta ante los ojos asombrados de Clara María, tras quedarse dormida en un diván totalmente terrenal –por suerte–, ya que si no la bailarina hubiera tenido que aprender a levitar.
Clara María se queda dormida en el susodicho, e inmediatamente su padrino la “despierta” –debió haber habido un lapso “razonable” entre ambos momentos– para presenciar la batalla entre el ejército de su Cascanueces y el del Rey de los Ratones, que en honor a la verdad, debió huir despavorido al ver la horrible máscara del Cascanueces, cuyo diseño debe ser mejorado para hacer más creíble que sus rivales no huyeran sin combatir.
El improbable combate –¡qué clase de cuero les estoy dando con lo de la máscara! – estuvo muy bien escenificado, pero la coreografía de la derrota inicial aparente del príncipe Cascanueces debe ser mejorada, si bien el efecto de la desaparición de la espantosa máscara fue un buen acierto, entre tantos, como la genial pantalla con los copos de nieve “virtual” cayendo al fondo.
El pas de deux entre Clara María/ Michelle y su Príncipe Cascanueces/Thomas, después que Clara lo “salva”, y éste mata al Rey de los Ratones, fue bailado con brillantez, con una muy buena y difícil agarrada incluida, y correctos giros de ambos, aunque el efecto de “arrastre” de ella por él debe ser sustituido por una leve cargada, para que se vea más elegante.
El cuerpo de baile de los Copos de Nieve –dieciocho en total– estuvo deslumbrante, con un vestuario a la altura de su desempeño, y preciosos adornos de cabeza, aunque el símbolo de los copos de nieve en sus manos parecía la configuración del átomo, o algo por el estilo, por lo que debe ser rediseñado para que los copos no recuerden además a pelotas de ping pong.


La Reina de las Nieves y su caballero, interpretados por mi amiga de Facebook, Juliana Sáenz, y por el omnipresente Walter García, acudieron para acompañar a los protagonistas a su blanco reino, luego de un correcto pas de deux de presentación musicalmente opacado por el ruido de la máquina que lanzaba nieve artificial hacia el escenario (ruido que debe ser eliminado en próximas representaciones, porque recuerda al de un aserradero).
Juliana debe girar más centrada y vertical, apoyada por su partenaire, y Walter, inexplicablemente, perdió elevación en los saltos, en comparación con su desempeño anterior y posterior en la misma función.
Me hubiera gustado que un trineo o algo así hubiera indicado, al final del primer acto, el viaje de Clara María y su Príncipe Cascanueces al País de las Nieves, pero esto estaba explicado en inglés en el programa, así que a comprar “Inglés sin Barreras” los que no sean bilingües.
En el Segundo Acto, los “angelitos” estuvieron realmente “angelicales” –mis respetos a Magaly, Ibis y a Pedro como artífices del milagro– alrededor de la pareja central, sin tropezar ni confundirse, como preámbulo para la aparición de una rutilante Alihaydeé Carreño, caracterizada como el Hada de Azúcar, rol muy acorde con su carácter dulce y amable, a diferencia de otras encumbradas primas ballerinas.
El Hada de Azúcar – o Hada Garapiñada, como también se le conoce– dio paso a un desfile “multicultural” en honor de la soñadora visitante y su acompañante, que fue iniciado por Carla Oliveira y Gleidson Vasconcelos, en la Danza Española, asunto que Chaicovski también usaría en su emblemático Lago con diferente partitura. Gleidson debe mejorar la agarrada de su compañera, y Carla sus saltos y su elevación.
En el trío de bailarinas de la Danza de las flautas de lengüeta (en ruso = пастушки, pastoras) –que debió ser un cuarteto, pero alguien faltó a última hora– todas mostraron excelentes puntas y acople, con muy buen resultado de principio a fin.
En la Danza China, a la que luego se incorporan Clara María y su Príncipe Cascanueces –donde Thomas se destacó por sus buenos saltos y giros–, las siete bailarinas estuvieron seguras y precisas, jugando con las sombrillas y los pasos de la coreografía sin cometer errores, saliendo al final en puntas como bailarinas consagradas.
En el Cuadro Árabe, excelente el vestuario del Harém y del Príncipe, aunque Mifa Ko como la Reina parecía más una contorsionista china, como del circo de Beijing, por sus rasgos y el mallot tan ajustado –nada que ver con la temática de esta danza–, y el Príncipe, interpretado por Enrique González, tampoco la debió haber casi “arrastrado” por el escenario como lo hizo.
Quiero destacar el uso como imagen de fondo en la pantalla durante todo este acto del dibujo original de Konstantin Ivanov para el escenario de El cascanueces, segundo acto, de 1892, que en este cuadro debió haber sido sustituido por algo árabe, ya que a veces la pantalla se quedó en blanco.


El dibujo original de Konstantin Ivanov para el escenario
de El cascanueces, segundo acto (1892)

En la Danza Rusa, el cuarteto anunciado se vio reducido también a un trío como en la Danza de las Pastoras, pero Walter García llegó al apogeo de su actuación esta noche, ahora como Cosaco, con excelentes saltos, giros y alardes acrobáticos.
Jesús Sanfiel, como Mamá Gengibre, aportó la nota cómica al espectáculo, transportando bajo su saya gigantesca nada menos que a nueve adorables polichinelas, que reforzaron el ambiente festivo con una coordinada actuación pese a su corta edad.
En el Cuadro de las Flores, Emily Spencer, como la figura central, se destacó por su excelente ejecución y acople con las otras seis bailarinas del cuadro, admirables extensiones, y por quedarse “clavada” en el lugar –como es lo correcto–al realizar los fouettés; en fin, una verdadera promesa a la que hay que alentar y seguir muy de cerca.
Tras esta caravana de deliciosos divertimentos, el Hada de Azúcar reapareció, acompañada de su Caballero, para brindarnos el bello Pas de deux que constituye el momento cumbre de este ballet.
La primera bailarina Alihaydeé Carreño brilló en el rol del Hada del Azúcar por su técnica, estilo e interpretación en perfecto equilibrio, pero el trabajo de Raydel Cáceres como su Caballero no estuvo a la altura de su compañera, y por eso sus giros se vieron algo deslucidos.
Raydel estuvo aceptable en su variación, aunque debe buscar mayor elevación en los saltos, y Alihaydeé, sin la impedimenta de su partenaire, mostró su clase de indiscutible primera bailarina, con gran bravura en los giros y otras exigencias de la coreografía, por lo que recomendamos otro partenaire más fogueado para la Carreño en sus próximas presentaciones con el Ballet Clásico Cubano de Miami, tal y como ocurrió con su memorable y recordado Giselle miamense al lado de Osmay Molina.
Con un apoteósico final, donde todos los participantes de los divertimentos volvieron a desfilar y a convencer al complacido público, Clara María retorna a su diván de la mano de su mago-padrino, para enseguida despertar e ir en busca de su Cascanueces para acunarlo en sus brazos, concluyendo así esta bella fantasía que nos hizo sentir niños otra vez y olvidarnos por un buen rato de nuestras preocupaciones terrenales.
Gracias a Magaly, a Ibis, a Pedro Pablo, y a todos los bailarines y actores participantes, por esta conspiración de talento que es el Ballet Clásico Cubano de Miami, para que el arte del ballet nunca muera y nos siga alegrando la vida.

Baltasar Santiago Martín.
Fundación Apogeo.


Thursday, October 29, 2009

Habla Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009.



Empezando por casa, casi todos tendemos a dudar de, o a negar, lo que no conocemos; fui uno de los primeros que “saltaron” ante el anuncio del premio concedido a la “desconocida” –para mí, insisto– Herta Müller, – “¿por qué no se lo concedieron a Mario Vargas Llosa, o a Milán Kundera, por ejemplo?”, exclamé al conocer la noticia, pero en el fondo algo me decía, y luego Zoé Valdés me lo confirmó, que Herta era “de los nuestros”, de los que pensamos que “nada es peor que las dictaduras”, como concluye diciendo la galardonada escritora rumana, de habla alemana, al final de una entrevista que tradujo Jorge A. Pomar para el periódico El Nuevo Herald .
Tengo que reconocer que la agudeza intelectual de Herta me ha deslumbrado, al punto de que quiero compartir sus pensamientos más relevantes con mis amigos, de ahí la redacción de esta nota, porque ella pone en blanco y negro esas certezas que casi todos los que hemos vivido bajo una dictadura hemos adquirido de primera mano, sin necesidad de asistir a ninguna academia, pero sin llegar a formularlas con la precisión quirúrgica con que esta “nobelada” autora lo ha hecho en sus respuestas a dicha entrevista:

Habla Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009.

“La literatura es un espejo de la cotidianidad y, por ende, de la política.La política entra en la vida cotidiana y aunque no se convierta precisamente en ésta, ella misma es ficción.Sólo se puede escribir literatura a partir de la experiencia (...) Por desgracia, las personas que han vivido bajo dictaduras han tenido que aprender de forma muy concreta que la literatura tiene que ver con la realidad y que, tal vez, también cumple una tarea, aunque no lo pretenda. Describe realidades, realidades inventadas, y con ello interviene en la vida de los que leen esos libros”.

En el caso cubano, Heberto Padilla, con su poemario Fuera del juego, creó en 1968 un verdadero cisma entre los intelectuales europeos y latinoamericanos que apoyaban a la Revolución Cubana, porque su percepción “inventada” de la realidad conmocionó tanto a la dirigencia revolucionaria, que encarcelaron a Padilla y lo obligaron a retractarse, orquestando una ignominiosa maniobra stalinista que hizo despertar a más de uno de esos intelectuales de su luna de miel con el castrismo, lo que confirma la tesis de Müller de que “la política entra en la vida cotidiana”… “y que (la literatura) interviene en la vida de los que leen esos libros”.
Fuera del juego no sólo marcó a Sartre, sino también a Lezama, estrenando en la literatura cubana un nuevo subgénero fruto del totalitarismo: la poesía peligrosa.
Padilla y su entonces esposa Belkis Cuza Malé fueron los primeros “cimarrones” de la literatura cubana postrevolucionaria, aunque no fuera su pretensión, al escribir Fuera del juego y Juego de damas respectivamente, libro este último que acabó en la hoguera de la intolerancia sin llegar a sus lectores.

“Hay una lengua nacional y una lengua estatal. Lo que habla el Estado es esa jerga ideológica, distorsionada, que se escucha por doquier en la opinion pública bajo la dictadura. En contraste, la lengua nacional es lo personal, uno la usa para hablar con alguien, o sea, el idioma de los rumanos que se sentaban a comer conmigo al mediodía. Ese es, claro, un idioma distinto del lenguaje estatal. Si bien, en el curso de las décadas, el lenguaje estatal ha ido infiltrándose en el idioma nacional al extremo de que muchas personas ya no se percatan cuándo usan la lengua estatal y cuándo la nacional. Con el paso del tiempo se va produciendo esa confusión. Sabemos que es así en todas las dictaduras, que éstas monopolizan el idioma. Pero no se puede matar del todo una lengua nacional; eso también lo sabemos”.

Sin haber conceptualizado todavía cabalmente ese fenómeno lingüístico que la Müller ha expresado ahora con tanta claridad, en un poema mío dedicado a Polonia manejé intuitivamente ese “secuestro” de ciertas palabras por parte del Estado al que ella alude de modo magistral:

Para Polonia, un enorme clavel.

La palabra “Solidaridad”/era una prostituta trágica
en manos de los rojos, /expertos en los malabarismos
del lenguaje, /cuando en los astilleros de Gdansk
toda Polonia comenzó a armar un barco blanco,
con Lech Walessa en su puente de mando,
decidida a evitar las rémoras soviéticas / pegadas a su casco.
Y por si fuera poco, /otra palabra,
sinónimo de meretriz /en el argot del Kremlin,
cobró su auténtico sentido en este empeño,
siendo combinada con aquella primera,
para crear una yunta invencible, /dispuesta a derrotar
el estado de sitio, /la Ley Marcial, /y al ogro Jaruzelski:
El Sindicato Solidaridad / navegó más allá del astillero,
como si fuera un veloz rompehielos,
quebrando los mares de consignas, /derechos pisoteados,
y mentiras marxistas.

Palabras como solidaridad, sindicato, compañero, camarada, colectividad, internacionalismo, fueron “prostituidas”, como yo le llamo en el poema, en los juegos malabares del lenguaje estatal polaco, pero también en el de todos los demás países tras la Cortina de Hierro, y por supuesto, en el de Cuba, su hermanastra caribeña, al punto de que las personas que escapan a otros países tienen hasta escrúpulos para volverlas a emplear en su nuevo contexto de plena libertad de expresión; y los que aún permanecen en el redil totalitario, aún sin estar de acuerdo con el sistema, al ser entrevistados por cualquier medio de difusión nacional o extranjero, repiten como papagayos los lugares comunes que la propaganda oficial les ha inculcado de forma totalmente “conductista”, es decir, sin salirse del “guión” para no buscarse “problemas”.

Sobre “la rutina destructiva de la ideología”, mencionada por ella en su prólogo al libro de fotos Children of Ceaucescu, de Kent Klich, la escritora expresó:

“La ideología es sólo rutina. No puede permitir nada espontáneo, porque entonces surge algo incalculable. Y pudiéramos decir sin temor a exagerar que la rutina de la ideología es el cliché único; existe solamente lo prefabricado, y lo demás está prohibido. En el fondo, la frase debe sonar siempre hueca, no decir nada.
Habiéndolo observado durante décadas, notas también cuáles palabras han sido retiradas de circulación y la manera en que se ‘introducen’ otras. Las correcciones son mínimas y siempre relacionadas con la ideología. Los cambios de material léxico han de pasar inadvertidos. En realidad todo es rutina, puesto que la vida entera es rutina. En la vida cotidiana tampoco te permiten hace nada que no esté previsto, programado. No en balde, el plan es el cartel de la dictadura. ¿Y qué otra cosa significa la palabra plan que no sea rutina, conducta prevista, programada, fuera de la cual nada debe suceder?
Eso se llama rutina, y es letal para el raciocinio. Suprimir el pensamiento es lo que se quiere. He ahí la intención de fondo. Lo único que se puede hacer bajo el comunismo es tomar lo que ya ha sido previamente hecho y aplicarlo.Luego echan un vistazo a ver si te has portado bien y listo. Es decir, rutina, idiotización”.

Es asombrosa la clarividencia con que la autora ha podido captar la esencia del férreo dominio del estado marxista sobre la producción, los servicios y la creación científico-técnica, al punto de convertir lo estatal en sinónimo de estático y antiestético en la mayoría de los casos, al no haber innovación ni superación dialéctica del presente, anclado en las viejas consignas del pasado. Por si hubiera dudas, basta escuchar el discurso chavista del socialismo del Siglo XXI para poder identificar prontamente las mismas trampas y mañas usadas por Fidel Castro cincuenta años atrás, en los inicios de la Revolución Cubana.

Continúa Herta dictando su clase maestra, cuando discrepa de la opinión de Bertold Brecht de que la literatura es una de las formas privadas de la utopía:

“La literatura no es una utopía. La utopía es algo que uno se imagina y aún no existe, no ha sucedido. Mucho menos me gusta el concepto de utopía feliz. La mayoría de las veces, cuando las utopías se tornan reales, son horribles. Stalin, Hitler, Ceausescu, todos ellos perseguían utopías; Castro aún persigue la suya.
Cuando alguno de estos dictadores empieza a soñar y luego traslada su sueño a la realidad, siempre destruye a seres humanos. Así que mejor no tener nada que ver con las utopías. La literatura es fantasía, y por esta misma razón está contra la utopía. Y como ya sabemos, nada peor que las dictaduras. ¡Terrible!”

Sin duda alguna, Herta Müller sabe muy bien de lo que habla, por haber sufrido en carne propia cincuenta interrogatorios de la policía secreta de Nicolái Ceausescu, según su propio testimonio.
Como cubano, le agradezco muchísimo su mención a Castro, y la felicito por su Premio Nobel de Literatura 2009, porque si escribe con la agudeza demostrada en esta entrevista, bien vale la pena repasar su obra; parece que por esta vez la Academia Sueca controló sus impulsos de doblar siempre a la izquierda.

Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO
para el arte público

Wednesday, September 30, 2009

La bella durmiente del bosque de La Habana.

La bella durmiente del bosque de La Habana.

El 17 de diciembre de 1918, coincidiendo con el día del milagroso San Lázaro, la compañía de la gran bailarina rusa Anna Pávlova estrenó en el Teatro Nacional de La Habana –hoy García Lorca– una versión en un acto del ballet La bella durmiente del bosque, sobre un cuento de Charles Perrault, que fue el primer gran éxito de una partitura de ballet de Chaikovsky, y una de las mayores producciones coreográficas acometidas por Marius Petipa hasta ese entonces.
Precisamente había sido este ballet estrenado en el Teatro Marinski de San Petersburgo el 3 de enero de 1890 el que cristalizó en la Pávlova y en el artista León Bakst su pasión por la danza clásica, de ahí la fijación de Anna con el mismo; y George Balanchine, el gran coreógrafo de ascendencia armenia que jugaría un papel muy importante en la carrera “americana” de Alicia Alonso, confesó una vez que su deslumbramiento por el ballet ocurrió durante su segundo año en la escuela de teatro de San Petersburgo, gracias a su participación como Cupido durante una representación del mismo.
Por si no bastara todo lo anteriormente apuntado para resaltar la trascendencia de esta obra en la historia del ballet, el primer espectáculo que presentó la Escuela de Danza de Pro-Arte Musical de La Habana fue La noche de Walpurgis, de Gounod; la Rapsodia No. 2 de Listz, y el Gran Vals de La bella durmiente del bosque, todo bajo la dirección del maestro Nikolái Yavorski, su director, el 29 de diciembre del año 1931, en la escena del Teatro Auditorium, donde tuvo lugar la primera aparición ante el público de la niña Alicia Martínez, precisamente en la presentación del Gran Vals.
Al año siguiente, el 4 de diciembre de 1932, día para los cubanos de Santa Bárbara bendita/Changó, Yavorski presentó ya en el mismo teatro su propia versión coreográfica del ballet, en un prólogo y tres actos, en la cual Alicia Martínez, conocida después mundialmente como Alicia Alonso, bailó a los 11 años su primer rol como solista, el del Pájaro Azul del mismo ballet de su debut escénico de 1931. Un cellista de la orquesta la esperó al final de la función y le dijo: – “Fírmeme este autógrafo, este programa, porque usted va a ser grande.” Y entonces Alicia le firmó, sencillamente así: Unga, que era como le decían cariñosamente en su casa.

FOTO CORTESÍA DE CUBANET

Alicia, que no sólo llegó a ser “grande”, sino que creó la llamada “escuela cubana de ballet”, y una compañía de talla mundial, repone ahora La bella durmiente del bosque en la misma sala donde la Pávlova la diera a conocer al público cubano en versión abreviada aquel 17 de diciembre de 1918.
En el ballet, la malvada hada Carabosse, despechada por no haber sido invitada al bautizo de la princesa Aurora, la maldice a morir a los quince años al pincharse con el huso de una rueca de hilar, pero el Hada de las Lilas, protectora de Aurora, logra atenuar la maldición y la convierte en un largo sueño de cien años, junto a toda su corte, hasta que un apuesto príncipe, llamado Desiré, la despierta con un beso de amor. El ballet concluye con una gran boda, donde participan varios personajes de los cuentos infantiles, como la Caperucita Roja, la Cenicienta, y el Gato con Botas.
En la función del domingo 30 de agosto del 2009, dedicada, como las otras tres programadas, a la conmemoración del centenario de los Ballets Rusos de Serguéi Diághilev, y a los 40 años del programa radial Ballet, de la emisora CMBF, los roles protagónicos estuvieron a cargo de la primera bailarina Anette Delgado y de Javier Torres, recién ascendido a esa categoría apenas cuatro días antes, el 26 de agosto pasado.
En el prólogo, resuelto con una dramaturgia coherente y acorde con el siempre grato cuento infantil, todas las demás hadas tuvieron un desempeño discreto y agradable, pero Amaya Rodríguez, como el Hada de las Lilas –la principal porque “ella es la suma todos los dones”–, cometió varias imprecisiones que conspiraron contra la limpieza que requiere tan importante rol, al igual que una mal cargada realizada por uno de sus caballeros.
El preámbulo de la aparición de Carabosse logró el suspenso requerido, pero el efecto de su primera imagen al fondo de la escena debe mejorarse, pues se le ve “irse” claramente por el lateral derecho.
Ya cuando Carabosse se adueña del escenario para proferir su maldición, Leandro Pérez logra imprimirle a este siniestro personaje toda la fuerza que el mismo demanda, para convencer tanto a niños como a adultos, ya que a pesar de que estamos en la era de los videojuegos y de las computadoras, el cuento sigue funcionando como antaño.
En el primer acto –los quince de Aurora–, que se celebran en el patio del palacio, a la intemperie, como tan bien indica la ecléctica y poco convencional escenografía del experimentado y talentoso pintor y diseñador Ricardo Reymena, resalta el cuidado y lujoso vestuario –disneyliano diría yo–, diseñado por Frank Álvarez para la corte en general, y por el francés Philippe Binot –detalle que se omite en el programa de mano– para los campesinos, los príncipes y los pajes del Adagio de la rosa, aunque sin lograr un empaste cromático ni conceptual con la escenografía, ni entre el mismo vestuario, ya que en el famoso Vals que abre el acto, interpretado por bailarines caracterizados como campesinos, se produce un agudo contraste, por los colores pasteles empleados, con los tonos saturados del vestuario cortesano, cosa que no sucede, por ejemplo, en el paradigmático Giselle de la compañía, de la autoría de Salvador Fernández.
Anette Delgado bailó correctamente, musical y precisa, aunque sin “bravura”, aspecto que brilló por su ausencia durante casi toda la puesta. En el Adagio de la rosa hubo un movimiento algo brusco en un cambio de mano que debe ser atendido por la bailarina para no deslucir la delicadeza que demanda este adagio, y luego, en los piqués, sus manos no estaban bien extendidas al girar, o al menos, ese fue el efecto que percibí como espectador.
Dramatúrgicamente, no es nada coherente que la reacción de Catalabutte y la de los padres de Aurora sea tan tardía ante la entrega del huso a la princesa por parte de tres misteriosas ancianas –Carabosse entre ellas–, ya que al inicio no hacen nada para impedirlo, pese a la terrible maldición, imposible de olvidar, proferida por la bruja en el prólogo del ballet.
Luego de la oportuna intervención del Hada de las Lilas, que transforma la aparente muerte en un largo sueño –tal y como el hada había prometido al inicio–, Aurora es transportada hacia un banco de piedra a la intemperie que le servirá de cama por cien años, cosa que no considero apropiada en esta puesta y que debe ser revisada.
En el telón semitransparente que cae ante la escena para simular una tupida vegetación boscosa que proteja el sueño de la princesa Aurora y de toda la corte, considero que sobran los luceros que aparecen de forma reiterada, al igual que los símbolos heráldicos en blanco –la flor de liz– que tachonan el fondo azul acqua detrás del banco-dormitorio de Aurora.
En el segundo acto, se repite el agudo contraste entre los tonos pasteles del vestuario de los campesinos y los tonos saturados del de la corte, mientras que el diseño de Reymena para el bosque del fondo es totalmente acertado y funcional.
El príncipe Desiré, interpretado por el novísimo primer bailarín Javier Torres, para mi gusto estaba excesivamente maquillado, con la cara muy blanca y los labios muy rojos, lo que le restaba masculinidad.
Considero algo recargada la visión del palacio que aparece al fondo entre el follaje, donde sobran, sobre todo, los mismos símbolos heráldicos anteriormente señalados en la tela de fondo azul acqua detrás del banco del segundo acto.
Si ya el Hada de las Lilas le ha mostrado el palacio y le ha contado la historia de Aurora, incitándolo a ir a despertarla, es completamente redundante que la princesa, que está dormida –como muy bien comentaron unos niños sentados a mi lado–, se “bilocalice” y se aparezca ante Desiré en el bosque, acompañada por unas ninfas cuyo vestuario – muy, muy contemporáneo– fue diseñado también por Binot.
La iluminación sobre Desiré debió ser un poco más intensa cuando se enfrenta al “bosque”, ahora sí con un diseño mucho más logrado, de Salvador Fernández, totalmente a la altura de su talento, aunque las criaturas de Carabosse se pierden un poco entre los “árboles” –por un problema de iluminación y no de diseño de vestuario, excelente por cierto en todo lo referente a Carabosse, también de la autoría de Salvador.
Con el cetro o amuleto que el Hada de las Lilas le entrega, Desiré vence a Carabosse, y el efecto diseñado para conseguir la desaparición de este siniestro personaje de la escena considero que es uno de los mayores logros de esta puesta.
En el tercer acto, conocido como Las bodas de Aurora, y que muchas compañías acostumbran a ofrecer por separado, sin bailar el ballet completo, el desfile de personajes de conocidos cuentos infantiles –“vestidos” todos por Junot, excepto la Cenicienta– resultó muy grato, aunque el cambio de vestuario de ésta debió haber sido más discreto; y lo más relevante técnicamente fue el Pájaro Azul, interpretado por Yonah Acosta con bastante virtuosismo.
En el pas de deux con el cual culmina la obra, bailado por la pareja protagonista, solamente las tres riesgosas y difíciles “agarradas” de Aurora por parte del príncipe resultaron impecables, no así el resto del baile de pareja, donde Javier Torres debe mejorar su trabajo como acompañante y hacer girar mejor a la bailarina, sin evidentes inclinaciones del eje de giro como ocurrió en esta función.
Anette ejecutó su variación con brillantez, sobre todo en los giros, que realizó con gran limpieza y virtuosismo, mostrando un elegante trabajo de manos, pero Javier debe esforzarse aún mucho más en sus saltos y giros para estar a la altura de su recién estrenada condición de primer bailarín, que no evidenció en esta ocasión.
La Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, dirigida por el maestro Giovanni Duarte, acompañó impecablemente el trabajo de los bailarines, con un sobresaliente desempeño de los violines.





Anette Delgado y Javier Torres saludando al público al final de la función.

Baltasar Martín, Fundación Apogeo
para el arte público global
(multicultural y multimedia).

Thursday, September 17, 2009

Apertura en el BNC por Alicia Alonso?

Conferencia de prensa de Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba, para dar a conocer las nuevas promociones de la compañía.

El miércoles 26 de agosto del 2009 tuvo lugar, en el Salón Cetro del Hotel Meliá Cohiba de la capital cubana, una conferencia de prensa convocada por Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba, y una de las más grandes bailarinas del Siglo XX, aclamada universalmente por su interpretación de Giselle, para presentar ante los medios de prensa la nueva promoción de primeros bailarines y bailarines principales de la compañía que dirige.
Antes de dar la palabra a los periodistas asistentes para que hicieran preguntas a los bailarines promovidos que estaban presentes junto a ella y a su esposo Pedro Simón, director del Museo de la Danza y de la revista Cuba en el Ballet, Alicia hizo una breve introducción sobre la importancia de esta nueva promoción para la compañía, en la cual destacó como algo muy típico de la misma que cada bailarín le pone su sello personal a la escuela cubana de ballet que los identifica, donde cada quien mantiene su personalidad, su carisma, sin dejar de responder a un estilo común, totalmente reconocible en el escenario.
–“El techo del artista no se lo hace nadie, se lo hace el propio artista” –, continuó Alicia, para luego expresar, de modo muy enfático: – “¡Qué envidia no poder virar para atrás, y empezar de nuevo!”
Alicia también reveló que el American Ballet Theater le envió una invitación para recibir un homenaje en Nueva York en el año 2010, y que le haría muy feliz poder viajar con toda la compañía para presentarla allí durante dicho homenaje.
Abierta ya la ronda de preguntas, los bailarines recién promovidos que se encontraban junto a su directora en la presidencia dieron testimonio de su alegría por el importante y ansiado ascenso recibido, y ratificaron su compromiso artístico con la compañía y con el país, para estar a la altura de la confianza en ellos depositada.
El crítico de danza, editor y periodista cultural Reny Martínez le preguntó directamente a Alicia la razón por la cual en la nueva gira a Europa la compañía solamente presentará los “clásicos”, sin incluir ninguna coreografía cubana, a lo que Alicia respondió que, “aparte de que es lo que piden los empresarios –porque el BNC está considerada entre las mejores compañías del mundo representando los ‘clásicos’ –, todavía no se ha creado un gran ballet de tema cubano, ya que Cecilia Valdés no resistió la prueba del tiempo”.
–“El Giselle es famoso en el mundo entero; está considerada la mejor versión que existe. Ahora consideran que tenemos un gran Quijote –en Canadá quieren montarlo–, continuó la prima bailarina absoluta, para ser luego acotada por su esposo, Pedro Simón, que expresó que “es la versión cubana de los clásicos, ahí se expresa lo cubano”.
–“Bella durmiente” no se lleva porque es un ballet de gran envergadura, aunque hay un gran interés en Venezuela, por ejemplo, para que lo presentemos”–, explicó Alicia, con lo cual puso punto final a la conferencia.
Los bailarines promovidos a la categoría de Primer Bailarín fueron Ernesto Álvarez, Sadaise Arencibia, Elier Bourzac, Yolanda Correa y Javier Torres, mientras que el ascenso al rango de Bailarín Principal fue otorgado a José Losada, Yanela Piñera, Dayron Vega y Alejandro Virelles.
Además de dar a conocer estas nuevas promociones, la compañía reveló el itinerario de su gira a Europa, y su programación nacional para los restantes meses del año, con funciones en La Habana, Pinar del Río y Matanzas, así como un avance de su cronograma para el año entrante
2010.



Pedro Simón, Alicia Alonso y Javier Torres.








Alicia Alonso, Javier Torres, Ernesto Álvarez y Miguel Cabrera, historiador del BNC.



Santiago Martín
Fundación Apogeo
para el arte público global.

Monday, August 31, 2009

Ballet en Tiempos Dificiles


Ballet en Tiempos Dificiles
by Bernardo Dieguez

Cuando se confirmo que el XIV Festival Internacional de Ballet de Miami se llevaría a cabo del 28 de Agosto al 13 de Septiembre, no hubiera podido creerse. En un periodo de recortes por todas partes y de una crisis financiera mundial, se creía imposible que este festival se efectuaría en una ciudad que sus dirigentes políticos hacen lo que sea por no apoyar las artes y de si beneficiar a sus amigos aumentando sus salarios soberanamente. Para este festival su fundador y director artístico Pedro Pablo Pena, realizó alquimias para traer a figuras de talla internacional que han echo brillar estas ediciones desde 1995. " El FIBM es sino el mas importante uno de los mas significativos Festivales de Ballet en la Florida y quizás de toda la Unión Americana", expreso el señor Alejandro Ríos, vocero cultural del Miami Dade Community College, una de las instituciones estudiantiles que apoya cada año este certamen. El evento de presentación del cartel oficial del festival se celebro el pasado Viernes en el teatro Tower de la calle Ocho en Miami donde asistieron personalidades del ballet y publico en general. Este ano el artista plástico cubano Luis Rodriguez tributo su obra para el Afiche. La obra del artista llamada "City Jump" sitúa un bailarín hombre (Taras Domitro sirvio de modelo) en gran jetee y como escenario la ciudad observadora y apacible. El pintor asistio acompanado de su esposa Ibis Montoto, ex bailarina del BNC y profesora de ballet de la prestigiosa academia de Pompano Beach que magistralmente dirige Magaly Suarez. En su discurso el creador recalco la falta de apoyo monetario de los gobiernos locales, dejando que se pierdan cada vez mas estos eventos culturales. Este trabajo refleja en parte esta inestabilidad y para ello el pintor uso materiales reciclados, como la madera y otros elementos. "City Jump" fue donada por el artista y estará expuesta en el teatro Tower mientras dure el festival y será subastada con el fin de recaudar fondos para ayudar a sostener el festival cada año. Los organizadores del FIBM agradecieron infinitamente la colaboración un año mas de sus fieles patrocinadores American Airlines y Mercedes Benz y algunos otros sin los cuales el festival no hubiera sobrevenido. Ahora solo queda esperar que se corra el telón y que el publico pueda aplaudir hasta el delirio sus bailarines estrellas.
Bernardo Dieguez
Agosto 31 2009



Este año participarán las siguientes compañías: Canadian National Ballet; National Ballet of Hungary; English National Ballet; National Ballet of Portugal; Stattsballet Berlin, Germany; Stuttgart Ballet, Germahy; Nederlands Dans Teater, Holland; Ballet del Teatro dell’Opera de Roma, Italy; Ballet des Treatres de la Generalitat Valenciana; Ballet Estable Teatro Colon, Argentina; Ballet Teatro Municipal do Rio de Gajeiro, Brazil; Compañía Nacional de Danza, Mexico; Ballet Arizona, U.S.A.; American Ballet Theater, U.S.A., Cuban Classical Ballet of Miami, U.S.A.; Ballet Noir, U.S.A., BIGIDI, Guadeloupe/France; Napoles Ballet Theater, U.S.A.; Ballet West, Puerto Rico; Bailarines del Boston Ballet and Joffrey Ballet, U.S.A.


Funciones:
Sábado 5 de septiembre a las 8:00 p.m. Jóvenes medallistas internacionales . Teatro Artime
Domingo 6 de septiembre a las 5:00 p.m. Presentación de compañías contemporáneas. Teatro Colony.
Sábado 12 de septiembre a las 8:00 p.m. Gran Gala Clásica Etoiles y la presentación del Premio “Una vida por la danza”. Filmore Miami Beach en el Jackie Gleason Theater.
Domingo 13 de septiembre a las 5:00 p.m.
de Festival, Gala de las Estrellas. Premio “Crítica y Cutura del Ballet”. Filmore Miami Beach en el Jackie Gleason Theater.
Para información adicional y boletos de presentaciones:Teatro Manuel Artime: 1 (877) 877-7677 o en la taquilla del teatroFillmore Miami Beach at the Jackie Gleason Theater: 1 (877) 598-8698 o www.livenation.com
Colony Theater: 1 (800) 745-3000 o www.ticketmaster.com
El Festival Internacional de Ballet de Miami fue fundado en 1995 con el principal objetivo de mostrar las estrellas internacionales del ballet en el Sur de la Florida. El Miami Hispanic Ballet es la cubierta para el Ballet Internacional de Miami, y es una organización sin fines de lucro 501(C)3 organización. Para información adicional, por favor visite www.miamihispanicballet.com.

Thursday, August 20, 2009

VEDETTÍSIMA Veinte Años después



Veinte Años Después
VEDETTÍSIMA
por Leonardo Gonzalez Viltres
Habana, Cuba
fotografia cortesia de Lazaro Sarmiento
http://lazarosarmiento.blogspot.com
Esta vez la elegante sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana fue el escenario que revivió veinte años después un espectáculo, que bajo la dirección de su director fundador Raúl de la Rosa Moya, nos hizo a todos, no solo recordar, sino vibrar de emociones y satisfacción al disfrutar las actuaciones, con plenitud de facultades, de una diva, de la única vedette de Cuba, nuestra siempre ROSITA, doña Rosa Fornés.

Tres espectáculos ligeramente diferentes por sus invitados y variedad, pero con un único propósito, la actuación de ROSITA veinte años después en una misma familia “Vedettísima” y las buenas intenciones de mostrar que nuestro arte es rico en variedades y generaciones, así se corrieron las cortinas con el Opening que el director compuso para su estreno en 1989 y desfilaron reconocidas y noveles figuras de distintas manifestaciones del artes y el espectáculo, bajo el guión y dirección artística de Raúl de la Rosa, quien en sus Notas al Programa escribió, entre otras cosas, “Es justo mencionar a sus intérpretes, realizadores y técnicos de aquellas primeras funciones: Ana Lidia Méndez, Luis Carbonell, Héctor Zervigón, Rigoberto Martínez, Los Fonomemecos, Rebeca Martínez, Pedro Arias, Nelson Toledo, Aldo Laria, Rosa María Medel, Tanya, Miguel Fonseca…… y todos guiados por el fulgor de una artista como Rosita Fornés”.



Sin despreciar ninguna presentación pero con méritos para ser destacados, brilló con luz propia el carismático Leo Vera con su voz cálida y profunda en dos interpretaciones, una guapachosa de todos los tiempos y fundadora de Vedettísima Hilda de la Hoz quien puso picante en la sala con su tema “Soltando Chispa”, seguidos de un profesional del diálogo y la palabra, el sin par Carlos Ruíz de la Tejera que además de presentar y conducir nos regaló su acostumbrado y fino arte donde entrelaza su verbo y los versos de grandes personalidades del arte universal para reflexionar y reír. Un Huberal Herrera que no pasa de moda que con las caricias a su piano puso la nota de elegancia y distinción, entre tanto una fresca y novel voz, Sandra Orce, venida de provincias e invitada especialmente por sus cualidades vocales, inundó la sala con “No llores por mí Argentina” entre otras, quien con su presencia y estilo subió el ánimo del respetable para formar dúo con la elegante y bien timbrada voz de Maureen Iznaga quienes regalaron un inolvidable popurrí al estilo de Meme Solís, del que se tarareó a una sola voz “siento si de mi te alejas, se me acaba la vida, no tengo amanecer….”


Un Ballet de la televisión cubana con unas ganas inmensas de bailar y poner a moverse a los asistentes, con coreografías de Caruca y elegantes vestuarios que enriqueció la cubanía de vedettísima, intercambió con los intérpretes con elegancia y armonía. Mención aparte para un talentoso y muy profesional Jaime Jiménez caracterizando a distinguidas figuras de la gran escena como a Liza Minelli en la interpretación de la famosa obra New York, New York, algo que fue ovacionado con delirio por la elegancia y buen gusto del transformismo desdoblado en el escenario.
Sin dudas que nuestra Rosa Fornés abrió, continuó y cerro las noches en esta memorable sala del Gran Teatro con sus inolvidables Por qué te vas; Sin un Reproche; La Inmensidad; Cuéntale, entre otras interpretaciones y diálogos, recordando inolvidables momentos de su rica y fructífera carrera y luciendo elegantes vestidos de vivos colores, diseñados al estilo de vedettísima, atrevida en sus movimientos y pícara con chistes y pasajes de remembranzas, permitió que cada día el telón cayera con el deseos de verlo subir de nuevo para disfrutar de otra noche con la única vedette de Cuba, al estilo de Gracias por Venir y el famoso Popurrí Broadway, demostrando que Rosita Fornés continúa poniendo en lo alto del mundo del espectáculo su nombre y profesionalidad sin límites.


Leonardo Gonzalez Viltres
La Habana, Cuba

Sunday, August 16, 2009

CATA DE MIL COLORES



EL PINTOR CUBANO HECTOR CATA ABRIO LAS PUERTAS DE SU RESIDENCIA EN MIAMI PARA EXPONER ANTE EL PUBLICO Y SUS SEGUIDORES SUS MAS RECIENTES TRABAJOS ARTISTICOS MIAMI AGOSTO 14 2009

Monday, August 10, 2009

La calidad convoca.



La calidad convoca.
Santiago Martín

Hay quienes dicen que Miami es el cementerio de los artistas cubanos exiliados, frase que sirve de comodín tanto al régimen de La Habana como a los artistas mediocres y/o vagos para justificarse; aquél, con que sólo el apoyo del estado garantiza la salud de la cultura, y aquéllos, por su falta de trascendencia en el exilio después de haber tenido su minuto de fama en la televisión castrista.
Es cierto que en Cuba el artista que “triunfa” tiene tras sí todo el apoyo de la maquinaria cultural del estado, y que solamente tiene que ocuparse de actuar, siendo bastante más “fácil” su desempeño una vez que su fama se consolida, pues tiene los teatros, los músicos, los coreógrafos, los vestuaristas y la publicidad estatal a su disposición, aunque esa “facilidad” se pueda “complicar” si no baila con la música que le pone el régimen, como es el caso de Pedro Luis Ferrer, por citar un ejemplo, o de Jorge Esquivel, cuando se hartó de ser el lazarillo de la prima absoluta del brujo del Lago sin los Cisnes.
Hasta yo llegué a pensar que el apoyo totalitario del estado era un mal necesario para el florecer del arte y la cultura, pero un amigo muy cercano y querido me hizo ver que las grandes obras de la cultura universal han sido producidas bajo las leyes del mercado, es decir, en los países capitalistas, donde el talento, la calidad y la perseverancia son la llave para la trascendencia artística sin compromisos políticos.
Quizás en el ballet esto tenga sus bemoles, porque las democracias parecen no llevarse muy bien con este arte, como tan lúcidamente nos ha hecho ver Isis Wirth desde Munich, pero así y todo Serguéi Diághilev a principios del Siglo XX logró con sus Ballets Rusos aglutinar lo mejor del éxodo soviético, y luego Núreyev y Baríshnikov, después de los sesentas, alcanzaron su cénit artístico en los escenarios de la libertad, no tras el telón de acero soviético.
Tomando de nuevo el avión para Miami, sin obviar resistencias reales en la radio local y en los cadenas nacionales hispanas de televisión, orientadas al mayoritario mercado mexicano (aunque ahora Telemundo Canal 51 está brindando “acceso total” en su programa homónimo a los talentos locales cubanos y de otros países), los artistas cubanos exiliados tienen que aprender a reinventarse sin la cobertura paternalista del estado, y sólo la libre creación, confrontación y competencia basada en el talento, la disciplina, la fuerza de voluntad y el rigor, les abrirá las puertas del éxito, si como éxito se entiende poder vivir de su arte y tener un público que los siga y los aplauda, como es el caso de la soprano lírica de coloratura cubana (matancera, por demás) Hilda del Castillo, y de su esposo, el barítono también cubano Nelson Martínez, que en la noche del 8 de agosto del 2009 brindaron una clase magistral de arte lírico ante un nutrido público que no quería dejarlos ir, en la St. Philip’s Episcopal Church de Coral Gables (en inglés, of course, que ya no estamos en Matanzas, tíos)
Hilda en Cuba fue primera figura de la Ópera Nacional, con la cual interpretó brillantemente las óperas Lucia de Lammemour, Rigoletto, El barbero de Sevilla y La Traviata, entre otras, y realizó varias giras exitosas a Colombia - donde hizo una Marina inolvidable-, a Austria y a España. En el 2000 fue contratada en México para el papel de la prima donna del musical El fantasma de la ópera, y, según mi testimonio personal, que la vi, “se robó el show”.
Nelson, a su vez, obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Canto “Ernesto Lecuona”, en su primera edición en La Habana, y gracias a gestiones amigas, pudo reunirse con su esposa en México, donde llegó a participar en importantes obras musicales como El hombre de la Mancha.
Siguiendo lo que parece ser el destino manifiesto de los exiliados cubanos, llegaron juntos a Miami, donde han fundado L’ Opera Nostra, una organización no lucrativa “para promover artistas nuevos o ya establecidos, ofreciendo a la comunidad producciones musicales de arte lírico asequibles y de calidad”, como hicieron de modo inobjetable la noche que nos ocupa.
Secundados por una prometedora pianista, la joven María Paulina García, Hilda y Nelson comenzaron su entrega con arias y dúos de óperas de Mozart y de Verdi, dos “monstruos” a los que hicieron total justicia, llegando a su apogeo con el dúo Parla siam soli, de la ópera Rigoletto, de Verdi, donde Hilda nos regaló un sobreagudo formidable, aunque apenas estaba “calentando” la voz, luego de varios años sin cantar en público, dedicada a la enseñanza, y Nelson, que cada día canta mejor, superó con creces su Rigoletto con la compañía de Rafaelle Cardone.
En la segunda parte, la pianista brindó dos agradables interpretaciones como solista, el Waldesrauchen de Liszt, y La comparsa, de Ernesto Lecuona, para dar luego paso a Hildita, que, ya en pleno dominio de su prodigioso instrumento, cantó exquisitamente las difíciles coloraturas de la Canción de la vendedora de pájaros, de la zarzuela Las musas Latinas de Penella.
Continuando en el grato reino de la zarzuela española, Martínez abordó la Romanza de Germán, de La del Soto del Parral, de Soutullo y Vert, una pieza bellísima y conmovedora que resplandeció en la poderosa voz del barítono, y luego del bello dúo Todas las mañanitas -que por cierto es una habanera-, de Don Gil de Alcalá, otra vez de Penella, llegaron a territorio cubano.
Un breve aparte, antes de continuar con mi reseña, Cuba es el único país de Iberoamérica que produjo zarzuelas, gracias al genio de compositores de la talla de Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, que también crearon canciones que son valiosas joyas del arte lírico, como las que Hilda y Nelson pasaron a interpretar a continuación.
El lamento cubano, de Eliseo Grenet; En un suspiro, de Rodrigo Prats, y la Matanzas querida, de Gonzalo Roig
-donde la matancera tuvo que sobreponerse a la lógica emoción para salir invicta vocalmente, cosa que consiguió con creces-, me reafirmaron que el género lírico tuvo en Cuba su mayor gloria precisamente cuando la cultura no era totalitaria, ya que las temporadas eran a teatro lleno, y Lecuona triunfaba tanto en Cuba como en el extranjero, al punto de que el público se aprendía sus canciones de memoria, y en las funciones bajaban las letras para que los asistentes las corearan.
Hilda estuvo exquisita, totalmente sublime, en estas canciones de los líricos del patio, pero Nelson no se quedó atrás, en su poderosa cuerda, cuando “recreó” –y nunca mejor dicho– el Siboney de Lecuona; Espero de ti , de Prats, y el Lamento esclavo, de Grenet, atronando con su bella y potente voz el recinto.
El vals de la opereta La viuda alegre, de Frank Lehar, cantado a dúo, iba a ser el cierre de la entrega de la pareja, pero el público no se lo permitió. Tras las últimas notas de su hermosa interpretación –que clama porque hagan la opereta completa–, Hilda tuvo que volver para interpretar, fuera de programa, de Lecuona, Siempre en mi corazón, donde dio unos agudos deslumbrantes –lo mejor de la noche, según este humilde cronista–; Nelson regresó con The impossible dream, del musical El hombre de la Mancha, en inglés, por cierto –hay que conquistar también este mercado–, para concluir, ahora sí, con Como arrullo de palma, de Lecuona, a dúo.
Para muestra de que el talento convoca, este botón; estoy seguro que todos los presentes en el concierto ya están esperando con impaciencia la próxima entrega de estos dos talentosos cantantes líricos cubanos, juntos de nuevo o por separado, y les anuncio que la Fundación Apogeo para el arte público global pretende homenajear a Hilda del Castillo con un concierto cercano, por lo que les recomendamos desde ya alquilar balcones.

Santiago Martín
Fundación Apogeo.

Wednesday, August 5, 2009

Mariquita Novela finalista del Concurso Novedades-Diana 1993



SINOPSIS
Tres amigos entrañables ven cómo se truncan o se posponen sus aspiraciones, a causa de las preferencias sexuales que han asumido en la Cuba de los 60s y 70s. Los recuerdos de Emilito, fragmentos de su diario y de las cartas y postales de Javy, junto con los títulos de las canciones prohibidas de los Beatles y de sus versiones permitidas en español, forman el entramado de esta historia plena de erotismo

FRAGMENTO
Javy, Javy, eres el maricón más asumido que conozco, por eso no me extraña que estés despidiéndote del mundo con canciones y risas; y pese a tu militante ortodoxia, poseyendo o dejándote poseer por todo lo humano que te pase por delante. Javy, Javier Eduardo de la Concepción, concebido para lograrse mañana y tarde, para ser poseído en los closets de los albergues de becados, en las azoteas y los pasillos de cualquier barrio de La Habana, en las escaleras de la calle Monte y en el cementerio chino de la Avenida 26; y en los portales y en ríos y sobre guijarros, en las malezas del Parque Almendares y en más de catorce malezas de las catorce provincias de la Isla. Javy, mi amigo de tantos años, mi compañero de tanto sexo compartido, de tanto peligro y tantos maltratos. Tengo que sentarme a escribirte, no puede pasar de hoy. Y primero voy a repasar las cartas y las postales que me enviabas hasta hace unos años, por mi cumpleaños y por Navidad. Cómo te recuerdo todas las Nochebuenas, amigo mío, y especialmente esta en que me han llegado malas noticias sobre ti. ¿Te acordarás de aquella que pasaste haciendo guardia en la universidad? Le caíste gordo al profesor encargado de asignar las custodias, y dos cursos seguidos te tocó cuidar la colina universitaria sendos veinticuatro de diciembre. En la segunda ocasión estábamos alquilados en una casa de Guanabo, y el grupo en pleno acudió a despedirte a la parada de guaguas. Allí estuvimos acompañándote casi dos horas porque la ruta 62 no paraba, hasta que enganchaste un taxi y te fuiste tristón. Esa fue una Nochebuena mamalona, me dirías después, cuando me contaron lo que te había ocurrido y corrí a verte. Al llegar a tu puesto de guardia en la colina, rifle al hombro, viste que pasaba un negro de esos que han sido tus mejores trofeos de campaña: alto, musculoso y de sexo muy sostenido, venático, como tú les dices, porque sientes la vena de abajo al eyacular dentro de ti, súmmum de tu súmmum. El negro había avizorado vicio en tu rostro lampiño, alargado, en tu boca de Betty Boop y en tus ojos, y tú le habías preguntado la hora. La una, te respondió, y añadió enseguida, ¿qué haces?, ¿guardia? Sí, susurraste nervioso, bajo la portañuela del pantalón del negro se hinchaba la vena que tú has consagrado como el súmmum de tu súmmum. La vena se hinchaba, y no pudiste menos que ma-nifestar tu perfecta asunción acariciando la cremallera que iba a reventar de deseo. Sácala, te ordenó de pronto, te la tienes que meter completa en la boca. Bah, decirte eso a ti, Javy, qué poca perspicacia la suya, qué mal descifrador de tu mirada, de tu rostro, de tu fusil inquieto, resultó ser este negro. Ven, sígueme, le ordenaste. Oye, ¿y no habrá lío?, preguntó él, indeciso. Ninguno, ven, DALE. Y el negro te siguió caminando doblado para ocultar en vano su sexo, hasta el hueco donde está la cafetería de la Universidad. Bajaste los diez escalones jadeando de excitación, olvidado de que estabas de guardia, de que había un compañero de tu grupo a unos pasos de allí cuidando la entrada de la Biblioteca Central, de que había otro en la puerta del estadio, de que un profesor de la Facultad hacía la ronda, de que apenas habías acabado de ocupar tu puesto de vigilancia junto a uno de los muros que dominan la Plaza Cadenas. Una cremallera pujante de deseo de abrirse, un pubis por develar, un ombligo que se alza o se hunde en una planicie abdominal repleta de cuadritos duros, cuadriculada por la fascinante resistencia de los músculos, la estrechez de una cintura y un sexo venático, grueso y sostenido podían infinitamente más que la expectativa de dedicarte a la cibernética y el riesgo de caer en prisión. ¿Estás seguro de que no hay lío?, insistió tu negro. Ninguno, aseguraste empujando el macizo de oscuridad que no distinguías, contra las piedras que cubrían las paredes de la hondonada y formaban el portal de la cafetería. Y te arrodillaste en el piso a engullir el sexo morado, sostenido, venoso y negro de tu negro.

Wednesday, July 15, 2009

SOY LO QUE SOY CON ANA LIDIA MENDEZ Y RIGO PALMA


SOY LO QUE SOY CON ANA LIDIA MENDEZ Y RIGO PALMA
Bernardo Dieguez

con una vuelta al teatro musical y la comedia la actriz Ana Lidia Méndez y el actor Rigo Palma ambos del teatro musical de la Habana, se presentan este viernes en el Bar and Louge ALFAROS de la calle 8. a las 10 pm con el espectáculo "Soy lo que Soy", los artistas pretenden revivir algunos pasajes de la actualidad con monólogos humorísticos escritos por Jorge Luis Sánchez (La Flor de Hialeah) completándolo con canciones interpretadas por ambos comediantes. Ella pretende poner picante el ambiente del local contando chismes y por que fue despedida recientemente y repentinamente del canal 41 donde había echo exitosas actuaciones y recientemente en el programa un "Minuto de Fama", donde era una de las mas importantes colaboradoras. El cantara canciones de su mas reciente repertorio. Agradecemos a " Apogeo Fundación" por su apoyo a este evento y a futuros proyectos culturales en la ciudad. El Bar and Louge Alfaros' pretende convertirse los viernes en un espacio para que los artistas presenten su talento ante un reducido y selecto publico brindando la intimidad de un espacio único en Miami.

Alfaros esta localizado en 1604 SW 8 street Miami, Florida. teléfono 305- 643-2151

Thursday, June 25, 2009

Allí todos perdimos.



Allí todos perdimos.


El Canal 41, América TV, luego de haber tenido en su época de mayor gloria buenos y alentadores índices de audiencia, como cuando los Fonomemecos parecían ser los dueños del canal, y el flaco casi caminaba por las nubes, debería ya haber  comprendido que “altaritos más altos se han caído”, como en el caso que mencioné, en el que los escombros animan un programa radial que casi nadie escucha, porque su fiesta de quince ya pasó.

Salvando A mano limpia, el excelente  programa de Oscar Haza;  Arrebatados, conducido por María Laria, la pionera de los talk-shows en la televisión hispana; el programa La Mirada indiscreta, que presenta muy profesionalmente Alejandro Ríos, y los noticieros, el resto de la oferta de calidad ha ido disminuyendo, con la desaparición de La Flor de Hialeah y de Casados y algo más, que si bien eran perfectibles, representaban un decoroso intento de ofrecer algo diferente y ameno, que contrarrestara los obvios intereses de otros canales orientados hacia la costa oeste de los Estados Unidos.

Pellízcame que estoy soñando debería cambiar su nombre a Despiértame de esta pesadilla, porque el programa es francamente deplorable. El pobre Carlos Otero hace su mayor esfuerzo, pero con malos ladrillos y mezcla de poca calidad es imposible levantar un edificio que se sostenga.

Desde los libretos, que son astracanadas, hasta los personajes de apoyatura, que son en su mayoría indeseables, todo nos obliga a cambiar de canal, para refrescarnos de tanta mediocridad estresante viendo el show de Alexis Valdés, donde por cierto una expulsada del 41 es ahora la coestrella de Alexis: Judith González, con su personaje de Magdalena la Pelúa (estoy seguro que Romay  lamenta  cada segundo “haberla dejado ir”, como se dice eufemísticamente en Miami cuando a alguien lo botan del trabajo).

Precisamente Romay y el 41 están a tiempo para subsanar otro error equivalente al de Judith: haber despedido a la excelente comediante musical Ana Lidia Méndez del programa Aquí todos ganan, que ahora se debería llamar Allí todos perdimos, porque Ana Lidia ha dejado un hueco enorme al brillar cada día por su ausencia.

Ana Lidia no comenzó su carrera en Miami; es una profesional con una formación muy sólida en las tablas y en la televisión, de lo cual el propio Carlos Otero puede dar fe, pues Méndez era su compañera en el recordado programa de la televisión cubana Los domingos no están contados, desaparecido precisamente del aire por la homofobia del presentador principal y de los directivos del ICRT. 

Es incomprensible que un canal que lucha por elevar los ratings ante la fuerte competencia de MegaTV se haya deshecho de esa  manera tan poco delicada de una de sus cartas de triunfo, porque estoy seguro de que Ana Lidia posee suficiente talento, simpatía, experiencia, cultura y versatilidad como para tener su propio programa de televisión en cualquier canal hispano, y conducirlo con éxito y buenos índices de audiencia.


                                           Santiago Martín 

                                        Fundación Apogeo











Monday, June 22, 2009

Mi reencuentro con La Fontao por Amado Cuba

Por Amado Cuba :




Corrían los anos 60 y mi amigo Fermin Borges me invito al estreno de su obra “El volumen de Carlota”, en aquella salita “Prometeo” de la calle Galiano en Centro Habana (lugar que debería estar considerado como Monumento a la Cultura Nacional). En esa ocasión por primera vez vi actuar a una jovencita de bellísimos ojos y con una calida voz, adornada con sugerentes matices, creo que era uno de sus primeros trabajos en las tablas, pero allí estaba ya la excelente actriz que seria Daysi Fontao.


Con el correr del tiempo pude comprobar que no me había equivocado, La Fontao se convertiría en toda una dama de la escena cubana, como lo demuestra su larga trayectoria con el Grupo “Rita Montaner” en la sala “El Sótano”, dramas o comedias, protagónicos o no, ella siempre estaba al nivel histriónico que el personaje le exigia, de esa etapa entre muchas otras la recuerdo en “Dona Rosita la soltera”, “La querida de Enrramada” y por supuesto “Juana de Belciel”.

Después, como en tantos otros casos, su salida definitiva de Cuba la condeno al “olvido oficial”. Pasaron los anos y solo supe de ella ocasionalmente por alguien que viajo a esta ciudad y la vio en alguna obra.

Anoche (Sábado 20 de Junio) tuve el privilegio de reencontrarla, en su lugar de siempre, sobre las tablas, en la salita del “Teatro 8” de La Pequeña Habana.

La obra de Juan Carlos Rubio “100 metros cuadrados”, estrenada con el titulo “El inconveniente” bajo la sabia dirección de Marcos Casanova, ha permitido a la actriz, con su “Carmen”, ofrecernos ese inagotable caudal de emociones y experiencia que ella posee, como lo demuestra a lo largo de toda la obra, pero muy especialmente en el momento del desenlace, cuando Sara le comunica su verdadero conflicto, y sus eternamente bellos ojos lo dicen todo,

Bravo una vez mas Fontao.

Cuando dos buenas actrices se enfrentan (mas bien se complementan) el resultado no puede ser mejor, en este caso la “Sara” no podía tener mejor piel que la de Grettel Trujillo, esta joven y talentosa actriz, a quien también tuve el privilegio de ver en sus inicios, allá en La Habana, con “El enano en la botella”, poseedora de una dicción y una articulación, lamentablemente tan poco frecuentes en las tablas, su fraseo me hizo recordar a aquella grande del Teatro Cubano que fue Liliam Llerena, bravo por ti también Grettel.

No seria justo no mencionar el desempeño, en sus distintas apariciones, en unas mas orgánico que en otras, del actor Lyduan González, quizás con poca experiencia en este medio, pero convincente.

Lamentablemente Casanova anunció al comienzo que esa seria la penúltima representación de la obra, abogamos porque se reponga, pues el Teatro en Miami, necesita obras como esta, donde se aborden temas locales (muy buena la adaptación), sin el exceso de vulgaridades que suelen tener.

Gracias Daysi, gracias Grettel, gracias Marcos.

Amado Cuba, Miami. 21 de junio de 2009

PHOTOGRAPHY: Bernardo Dieguez



Friday, June 19, 2009

Cartas del parque, veintiún años después.


fotografia:Mario Garcia Joya (Mayito)
Cartas del parque, veintiún años después.
por B.S.Martin (Apogeo Fundation)

Recuerdo que cuando en 1988 vi la película cubana Cartas del parque, filmada en mi Matanzas natal, lo que más me preocupaba — como aldeano vanidoso que soy —, era ver si mi querida ciudad salía bien parada en la película, como lo sigo haciendo cuando visito otros lares y los vuelvo a comparar con mi terruño, al punto de que se me ha metido en la cabeza que el Teatro Sauto es mucho más bello que el Teatro de la Ópera de Madrid (si seré majadero).
El caso es que en 1988 no quedé totalmente satisfecho con el film respecto a este “detalle” —uno siempre quiere que los hijos brillen más, y Matanzas es como una madre-hija para mí—, pero en general la película me gustó y la consideré un acierto, aunque no escribí nada al respecto, pues de los artículos técnicos y de los poemas de amor no pasaba en ese entonces.
Veintiún años después— un poco menos vanidoso pero aún más matancero que cuando vivía entre dos ríos—, aquel primer “detalle” me satisfizo por completo: mi ciudad sale esplendorosa en las filmaciones, casi ostentosa de sus ríos, sus puentes, y su bahía prodigiosa, a los que la fotografía del excelente Mario García Joya hace total justicia.
Localismos aparte, “hoy que la vida me aparta de ti”, como diría una canción de Lecuona, pero que no “tengo un nuevo amor”—gracias a Dios sigo con el mismo de entonces— hay que decir que la mano maestra de Titón logró apresar, como si fuera una flor guardada entre las páginas de un libro, la esencia de esta historia de amor escrita a tres manos, las de María, Juan y Pedro; dos jóvenes soñadores, como debe de ser en toda buena historia, y el escribano que les sirve de enlace sin que el otro lo sepa, con un desenlace que complace al espectador por deseado.
Ratificada la clase de Alea como director, aprobado el eficaz guión escrito también a tres manos— las de Titón, García Márquez y Eliseo Diego, ‘excepcionando’ aquello de que “muchas manos en un plato tocan todas a rebato” —‘toca’ ahora pasar a la “evaluación” del reparto, palabra que sé que a muchos artistas cubanos les recordará épocas muy grises de sus vidas, pero, no teman, por Dios, que no repartiremos el abecedario como durante el Pavonato.
Ivonne López es la enamorada ideal; perfecta en su rol, no se entiende la ausencia de posteriores desempeños en el cine cubano de esta talentosa actriz, refrescante y precisa, sin amaneramientos de telenovela ni de melodrama.
Miguel Paneque es el joven soñador, valga la redundancia, que ansía ser aeronauta mucho más que amante de novela rosa, aunque haya sucumbido, apenas desde la primavera al otoño, a esta tentación romántica, con cartas de amor del escribano incluidas. Paneque logra una actuación totalmente desempolvada y fresca, al punto de que nos lo imaginamos volando realizado en su aeronave, aún sin verlo, cuando el sonido de un avión nos indica que sobrevuela Matanzas, mirando para la farmacia Triolet de su tío, a la que por poco incendia en su delirio de ángel en busca de sus alas, tal y como lo haría después siempre este prometedor actor en su vida real.
Víctor Laplace, como Pedro el escribano, borda su personaje lleno de añoranzas y sutilezas, como contemplando el presente desde la dimensión de su pasado, hasta que el hoy lo atrapa y lo redime, de la mano de su ideal María.
Mirta Ibarra no puede estar mejor en su papel de puta de burdel, aunque parezca estar viendo posteriores desempeños de la mujer de Titón, latentes habitantes en 1988 de su futuro entrampado como mere-triz perfecta de dos sabores de helado.
Adolfo Lauradó casi hace un cameo de sí mismo como el globonauta que “seduce” a Juan para irse por los aires; maestro de la actuación como pocos.
Paula Alí es la celadora perfecta de su ahijada; Amelita Pita se derrama como un buen vino añejo como decana del burdel adonde Pedro acude a mitigar su tedio de vivir, atenazado por la ilusión de un amor “imposible”, y José Pelayo, como la loca del burdel, saca la cara por esa “Seña del humor” que ya forma parte también de la historia de Matanzas.
El tío de Juan, interpretado por Elio Mesa, el inefable actor del Grupo Teatro Estudio, que ni pintado para el personaje, cumple más que a cabalidad su cometido cuando dice, cual “epitafio” del film: “Yo sabía que este muchacho iba a llegar muy lejos, digo, muy alto”.
El verdadero epitafio, como la buena película cubana de amor de todos los tiempos que es, sin cólera y con ella, es el triunfo de ese sentimiento que a todos, como al escribano Pedro, nos redime y nos eleva por el cielo (¡qué cursi!, como diría Magdalena la pelúa).

Santiago Martín
Fundación Apogeo
Arte Público Global.
http://yvolare.blogspot.com/2008/05/cartas-de-parque-memorias.html