Monday, May 13, 2013

El bailarín cubano Taras Domitro, nominado al Premio Benois de la Danza


El bailarín cubano Taras Domitro está nominado para el Premio Benois de la Danza por su interpretación de Lensky en el ballet Oneguin, de John Cranko, con el San Francisco Ballet, informó el sitio DanzaBallet. Domitro abandonó el Ballet Nacional de Cuba en diciembre de 2007, cuando cruzó la frontera entre Estados Unidos y Canadá escondido en el maletero de un automóvil. Nacido en La Habana, Domitro se desempeñó como primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba antes de unirse al San Francisco Ballet como bailarín principal en 2008. Domitro ganó en 2008 la Medalla de Oro en el World International Ballet Competition, en Orlando, Florida, entre otros premios en su carrera. Los Premios Benois de la Danza, conocidos como los Oscar del ballet mundial, serán dados a conocer el próximo 21 de mayo en el Teatro Bolshoi de Rusia.

Tuesday, July 10, 2012

La bailarina española Tamara Rojo es la nueva directora artística del English National Ballet

Tuesday, June 26, 2012

OLGA CONNOR:

OLGA CONNOR:

‘Linden Lane Magazine’: compendio de cultura cubana

OLGA CONNOR:

 ‘Linden Lane Magazine’: compendio de cultura cubana

 

Con ese espíritu tan poco pragmático y tan lleno de fe, Cuza Malé se lanzó

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Cuando abrí por primera vez el número del trigésimo aniversario de Linden Lane Magazinesentí un estremecimiento. Es la única forma de describirlo.
De pronto volví atrás, al año 1971, cuando llegó el momento de enfrentarme, después de varios años en Estados Unidos, con la Cuba de la que había tratado de escapar. Allí estaba el insigne poeta Heberto Padilla, sufriendo la injuria de un gobierno que debió agradecerle su límpido verbo y, sin embargo, lo ultrajó sin compasión. Al hacerlo, levantó una ola de protesta mundial. Padilla por sus poemas de Fuera del juego, galardonados primeramente en 1968 con el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal, y luego censurados, sufrió encarcelamiento junto a su esposa Belkis Cuza Malé, en 1971, para luego ser obligado a retractarse en un acto que recordó los famosos procesos de Moscú.
Fueron los chivos expiatorios de todos los intelectuales que se estaban destapando, porque intuían que había que hablar. Pero fue en Padilla y en Cuza Malé sobre los que cayeron los carbones encendidos de aquel incendio. No podía el gobierno totalitario aceptar el premio a las palabras liberadas de su autor. Todo llegó a un clímax, a un nudo que ya no se pudo desatar. Los escritores cubanos ya no podrían regresar al periodo ingenuo de los años 60 cuando conjeturaban que aún tenían alguna influencia.
Entonces, hasta en el selecto Swarthmore College en Filadelfia, llamado por sus detractores el “Kremlin on the Krum”, donde los profesores eran “izquierdistas de salón”, hubo una reacción repentina, por los oficios de Jean Paul Sartre, quien había reaccionado al llamado “Caso Padilla” firmando una carta colectiva de protesta. De pronto, mis colegas escenificaban un descubrimiento teatral de fingidas rarezas: “¿Ah, pero había KGB en Cuba?”, me preguntaban.
En 1980 Padilla salió finalmente de Cuba, pero no a las playas de la Florida, sino a las de Nueva Jersey. Al mudarse a la Calle de Linden Lane, en la ciudad de Princeton, fue Cuza Malé quien tuvo la idea de crear una revista, con la que Padilla accedió a colaborar aunque a regañadientes, según informa la escritora. Desde entonces, han sido 30 años de sacrificios, pero ella no ha cejado un momento. Hoy la revista representa una colección, un compendio de la cultura cubana allende el mar.
Al prologar los artículos reunidos para esta revista de excepción, y con su habitual sentido anecdótico, que no se puede sustituir por ningún comentario que yo le haga, explica esos orígenes en su artículo 30 años es nada: “Si me preguntasen cómo surgió la idea de publicar una revista que recogiese la obra de escritores y artistas cubanos en el exilio, no sabría contestar más que de una sola forma: fue una inspiración divina. Y con la fe de que la idea se plasmaría en realidad y triunfaría. Los obstáculos ni me pasaron por la mente. Hacía sólo tres años que había llegado de Cuba, mi inglés era rudimentario, no tenía un salario, ni Heberto tampoco. Es decir, vivíamos del aire, prácticamente”.
Con ese espíritu tan poco pragmático y tan lleno de fe, Cuza Malé se lanzó a la aventura editorial, sin apenas recursos, pero no fue en vano. Para siempre quedará grabado su nombre en la historia literaria de Cuba y del Continente, no sólo por sus creaciones personales, sino por esta revista que ella dio a la luz, y ha criado y nutrido hasta el día de hoy. • 
Les recuerdo que este número extraordinario por los 30 años puede ser adquirido en Amazon: por favor, ayuden a LLM comprando un ejemplar.

Monday, September 5, 2011

"Hay que seguir buscando, buscando, siempre" Por Alberto Lauro


"Hay que seguir buscando, buscando, siempre"
La gran bailarina Rosario Suárez habla sobre su carrera, su inicio como actriz y de un documental por estrenarse

Por Alberto Lauro
Madrid/Diario de Cuba/31 de mayo de 2011

Rosario Suárez ha vuelto a Madrid invitada por la Asociación de Profesionales de la Danza. Conserva ese halo de misterio que la convirtió en una de las artistas más reconocidas del ballet de Cuba. Charín, como la llaman sus amigos dispersos por el mundo, tuvo desde siempre su reconocido club de fans en la Isla.
Nació en La Habana en 1953. En 1968 ingresó en el Ballet Nacional de Cuba dirigido entonces por Alicia y Fernando Alonso. Allí permaneció durante 26 años como Prima Ballerina. The New York Times, Los Angeles Times y el Washington Post aclamaron sus actuaciones. Críticos tan exigentes como Clive Barnes, Walter Terry, Irene Lidova, Anna Kisselgoff, Donna Perlmutter o Bengt Häger han reconocido su virtuosismo. En estos momentos el cineasta cubano Orlando Rojas ultima un filme sobre su reconocida trayectoria: Bailarina sola busca compañía.

¿Qué significa para ti regresar a Madrid? Cuéntanos lo que te ha impresionado esta vez.
Madrid es una ciudad intensa y hermosa. La visité por primera vez en 1969, cuando formaba parte del cuerpo de baile del Ballet Nacional de Cuba (BNC), y aquí bailé mi última Giselle, veinticinco años después. Durante años viajé regularmente con el BNC. Luego viví por más de dos años en Madrid y conocí de cerca lo amplia que puede ser la vida de la danza en esta ciudad. Trabajé en el Real Conservatorio de Madrid, bajo la dirección de Virginia Valero, donde me sentí siempre como en familia. El ambiente era de constante aprendizaje. Al mismo tiempo estuve con Víctor Ullate y fue una gran oportunidad conocer su trabajo. Ullate tuvo incluso la amabilidad de permitirle a mi hija Paula que tomara allí sus clases de ballet. Yo acababa de dejar mi país, y fue un período intenso y duro. Estimulante y, al mismo tiempo, doloroso. Pero nunca me faltó el apoyo de los amigos, cubanos algunos, otros españoles.
Al dejar el BNC intenté establecerme en Madrid. No fue posible. A mi hija, a mi esposo y a mí se nos impidió que nos quedáramos, ya que no teníamos el modo de regularizar nuestra situación migratoria. Creo que nadie pudo comprender esto, pero así fue. Tuvimos, pues, que decidir viajar a Estados Unidos para sentir que teníamos derecho a algo, para estabilizar la vida de la familia. Y sin embargo, siempre me sorprende lo cerca que estoy de Madrid y de tantos queridos amigos que viven en ella.

¿Qué fue el ballet para ti siendo niña y adolescente?
Fue y es una atracción de la que no puedo librarme. Aunque pensándolo bien, ¿se puede llamar "atracción" a lo que ha sido el sentido de mi vida? En agosto del año pasado, estrené un espectáculo con textos que Abilio Estévez escribió expresamente para mí. Por primera vez tuve que usar la voz en la escena. Muchos me preguntaban por qué estaba yo dando este paso hacia el teatro, y fui muy honesta cuando respondí: "Es que no puedo dejar de bailar".

¿Quiénes fueron tus maestros y qué papel jugó Fernando Alonso en tu carrera?
Menia Martínez fue mi primera maestra, en la Escuela Provincial de Ballet, en L y 19. Allí estuve desde los 8 años hasta los 12. Menia era de una belleza cautivadora, y tenía el poder de hacer que una piedra se enamorara de la danza. Esa sensación nos dejó a todas las niñas. Lloramos cuando se fue. Luego tuve muchos buenos maestros y todos diferentes. Viví la época en que se forjaba lo que ahora es un hecho: la escuela cubana de ballet. Fui uno de los conejillos de India para ese propósito. Todo era experimentado con una pasión tremenda. Teníamos profesores rusos y otros que eran miembros del Ballet de Cuba, como Adolfo Roval, quien fuera luego un maravilloso Doctor Coppelius cuando estrené el rol de Swanilda.
Joaquín Banegas fue muy importante para mí, siempre estuvo detrás de todo lo que he podido crear para llegar al público. Y aprovecho para decirlo: la voz de Joaquín Banegas viaja en mis oídos. Él siempre va conmigo. Es un artista auténtico. Partes inseparables de esto: Silvia Marichal y Ramona de Saa. Ramona es una pedagoga excepcional, alguien que se ha mantenido en pie de guerra manteniendo la escuela en un alto nivel y en constante desarrollo. Y por supuesto, Karemia Moreno, quien me demostró que no hay edad que impida cambiar y romper esquemas.
Hubo tantos maestros… Algunos de ellos no lo fueron en el salón de clases pero sí en la escena, como las primeras figuras del ballet, con el trabajo minucioso de sus interpretaciones.
Alicia Alonso, claro, ¿cómo no aprender de ella en la escena y, por qué no, en lo cotidiano? Nunca puedo olvidar una ocasión en que el mar entró en las zonas bajas de El Vedado, y mientras los bailarines éramos movilizados para rescatar los vestuarios que estaban en peligro, si buscabas a Alicia, ella estaba en el salón de ballet haciendo su rutina diaria.
Ahora bien, Fernando Alonso fue a mi juicio quien generó toda la definitiva energía para cumplir el sueño de un ballet verdaderamente cubano. Cierto que estaba, como él dice, inspirado en Alicia. Ella era su modelo a seguir. Pero la maestría de Fernando en clase era increíble. No menos de dos horas frente a nosotros, nos obligaba al máximo resultado en el menor tiempo. Y en los ensayos, con su termo de cocimiento de "guisaso de caballo", Fernando era, o es, incansable. Para mí, en lo personal, fue extraordinariamente importante su decisión de graduarme un año antes que el resto de mi grupo. Después de esa graduación, al año siguiente, mis amigas y otras estudiantes, tuvieron que dejar La Habana para ir a Camagüey si querían seguir sus carreras como bailarinas. Cuando Fernando dejó el BNC fue doloroso para todos, o en cualquier caso, lo fue para mí. Y marcó un profundo giro en la compañía.

¿Qué significa para ti el Ballet Nacional de Cuba?
Gran parte de mi vida. Nunca deseaba nada que no estuviera allí. Y creo que lo mejor, lo ideal para mí, debió haberse conseguido allí. Se invirtió mucho talento y mucha entrega por parte de todos los que hicieron valer ese proyecto, y eso, al fin y al cabo, nunca es en vano. La escuela está en pie. Hoy llevo conmigo toda la vida que viví allí. Y esa vida la reconstruyo, o mejor dicho construyo otra, día a día, cuando enseño cada tarde en el Miami Conservatory, bajo la dirección de una mujer soñadora y de gran fuerza llamada Ruth Wissen.

1980 fue un año importante en tu vida. Triunfaste en el Festival de Moscú y en San Petersburgo. De aquella época ha quedado una maravillosa crítica de Victor Gritsiuk. ¿No pensaste en ese momento que si abandonabas el BNC podrías haber triunfado fuera de Cuba para siempre?
Una pequeña esperanza puede mantenernos en el mismo lugar, sobre todo cuando hay grandes valores en nuestras manos. Nunca me faltaron posibilidades de dejar mi país. A veces triunfamos, pero en realidad el triunfo, ¿qué cosa es? Tal vez algo a lo que uno nunca se puede o debe aferrar. Siempre hay una tarea por delante, y eso es lo que importa. No tiene que preocupar mucho qué es o dónde se halla el triunfo. La mayoría de las veces, y esto es importante, triunfamos en nosotros mismos, cuando acometemos cosas que sabemos nos van a costar mucho. Y aunque algunos no vean triunfo en ello, si llevamos esa alegría dentro, ¿qué importa lo que otros entiendan por el triunfo?
En cada viaje tuve momentos de conquista. Y aprecio mucho esas victorias. El triunfo está en crecer, en creer en lo que haces, en hacer tu trabajo con la mayor honestidad y con todas tus fuerzas. Y al final eso es lo que te hace estar en la paz contigo mismo.

¿Cómo ha afectado a la Escuela Cubana de Ballet el hecho de que tantos bailarines hayan abandonado Cuba y bailen en otras compañías del mundo?
La Escuela Cubana de Ballet está firme. A Ramona de Saa, como ya te he dicho, se debe mucho de esa firmeza. Ahora bien, lo que yo realmente considero una escuela es el diario quehacer entre los muros que rodean una compañía de ballet. Ajeno a una compañía, no es que se pierda la técnica, es que se pierde el alma. El alma pone en marcha el valor de cada paso y cada motivación. Los bailarines tienen que crecer mirándose unos a los otros: los más jóvenes admirando a los más viejos (aún cuando a veces tengan muchas quejas contra ellos). Siempre luchando por conseguir más y más. Y los viejos tienen que mirar a los jóvenes y tratar de seguir creciendo, amando y, claro, dudando de ese amor.
El estilo de una escuela no se consigue solo con grandes profesores y grandes bailarines. Es también el pasillo, el ir y venir de los que entran y salen de clases, los comentarios sobre el trabajo diario, las puertas abiertas para poder mirar discretamente la forma de ensayar de unos y de otros, y comparar esas diferencias a la hora de enfrentar un personaje. Tantas cosas pequeñas, cotidianas, son la clave de una escuela de ballet. Todo eso, lo pequeño y lo grande conforman cosas de gran valor para una escuela y por tanto para un artista. Es decir, lo que significa una tradición, y sentirse parte de ella. Y cómo esa tradición no está solo en los grandes resultados, sino en los pequeños y cotidianos caminos para llegar a ella. Y con el éxodo puede perderse ese sentir que se pertenece a una tradición, y la tradición misma puede sentir que pierde a los que deberían estar dispuestos a continuarla.

Tus interpretaciones de los ballets del repertorio clásico como 'El lago de los cisnes', 'Giselle', 'Grand Pas de Quatre' fueron y han sido referencias para las jóvenes generaciones de bailarines. ¿Qué crees haberle aportado de ti a estas coreografías ya clásicas? ¿Algún ballet preferido?
El lago de los cisnes, Giselle y muchas otras son coreografías que nos dan la oportunidad de aportar cosas, no solo desde el punto de vista de la técnica, sino también de la actuación. Nos permiten entrar en un mundo que cada día está más lejos de nuestra realidad. Y son un reto para cada bailarín: hacer propias cada una de esas leyendas, de hadas, de sílfides, de mujeres que mueren por amor y vuelven al mundo de los vivos bailando en el aire y salvando a quien les traicionó. Salen de sus tumbas solo por amor, parece bien difícil, y de hecho lo es. Y por eso es tan maravilloso. No todos tienen la oportunidad de entrar en ese universo. Yo lo defendería siempre. Hay algo en nosotros que necesita de esos mitos para sobrevivir.

El público descubre en ti una insospechada sensualidad cuando bailas los ballets de coreógrafos cubanos, 'Tarde en la siesta', 'Cecilia', 'Rara avis' y 'A escena'. ¿Eres consciente de ese sutil erotismo de tus movimientos?
El cuerpo humano es bello. En muchos ballets estás absolutamente expuesto, aunque no totalmente, porque en realidad las formas que toma el cuerpo en su misión de expresar, sin la posibilidad de las palabras, puede llegar a ser muy fuerte, a veces fuerte y erótica. Yo salgo a escena para conquistar al espectador, otra cosa no tendría sentido. Trato siempre de ensayar como si hubiera tres mil espectadores en el lugar del espejo. De lo contrario, sería muy difícil de lograr lo que me propongo. Y siempre tenemos algo que nos ata a la vida cotidiana. No sé si los conquisto con la sensualidad pero supongo que sí, que pueda relacionarse.
La belleza es lo más importante en el arte. Hasta los más diabólicos personajes tienen que poseer su belleza y enamorar al espectador, tener un encanto. De otra forma los personajes llamados "positivos" se quedan sin apoyo, sin conflicto verdadero. Además, ni en la vida ni en el arte, las cosas son en blanco y negro. Entre ambos extremos hay una gama que es importante y tiene que ser expresada.

Algunos de tus admiradores dicen que contigo se cierra la época de las grandes bailarinas cubanas. ¿Ha cambiado hoy la forma de bailar?
Claro que ha cambiado la forma de bailar hoy en día. Lo que se detiene y se cierra se muere. Todo está en constante transformación. Yo también cambio, por supuesto. Pero cuando tenemos algo bueno, se defiende, y lo bueno nuevo se suma a lo que ya se tiene. Se ve mucho ballet en todo el mundo. De manera rápida se puede viajar y compartir experiencias, lo mismo en el campo de la enseñanza que en la escena y la coreografía. Lo único que noto es que, desde el artista, lo más efectivo es renunciar a la tradición, pero como algo natural y paulatino, siempre desde el amor, nunca desde el odio. Hace dos años vi bailar a Lorena Feijóo, cubana radicada en el San Francisco Ballet, con una bella carrera. Es una magnifica bailarina. Lleva muchos años fuera de Cuba y cuando la vi haciendo Giselle en Miami, me emocionó ver a una bailarina que se expresaba con una inconfundible cubanía, algo que no he visto en otras bailarinas que han pasado por estos escenarios: la delicadeza con que se deslizó dentro del estilo y aportó lo que su nueva experiencia le dio en San Francisco.
Al final de la función fui a felicitarla y se lo comenté. Me dijo que no podía olvidar lo que había aprendido y que llevaba consigo el recuerdo de aquellos años yendo a las funciones de ballet, y a la compañía en Cuba, viendo y disfrutando a todas las anteriores generaciones. De modo que todo lo que Lorena aprendió, después lo incorporó a la base que ya tenía. Si un artista es bueno no debe olvidar.

En 1986 con Caridad Martínez y Mirta García creas el Ballet Teatro de La Habana. ¿Qué fue para ti ese experimento?
Yo soy muy apasionada. También, y aunque parezca lo contrario, reflexiva. Los humanos somos así, contradictorios. Algunos de los pasos que he dado en mi vida quizás puedan parecer temerarios. Para mí son únicamente el resultado de una reflexión y la toma de una decisión. Me arriesgo a perder cosas que son importantes, pero sucede que a veces, o casi siempre, como te dije antes, la paz con uno mismo es fundamental. El Ballet Teatro de la Habana fue el resultado de un proceso que empezó en el salón de ballet. Caridad Martínez empezaba con inquietudes coreográficas. En la compañía no estaba siendo fácil introducir algunos elementos nuevos en cuanto a temas y músicas que atraían a los nuevos coreógrafos.
A la vez, el proceso que vivía el país era, como en muchas ocasiones, el de una supuesta creencia de que los problemas podrían arreglarse, para seguir adelante. Nosotras ingenuamente así lo creímos y tratamos de arreglar algunas cosas, enfrentando a la dirección del Ballet. Dimos criterios que realmente intentaban un cambio en las normas. Por supuesto, esto no fue posible. Y decidimos intentar un proyecto independiente fuera de la compañía.
Fue una experiencia, como todas, muy bella en lo artístico. Conocí gente inolvidable que me aportó mucho. También fue una experiencia dolorosa en otros sentidos. Como vivíamos en esa extraña burbuja del BNC, ignorábamos muchas cosas. Descubrimos, por ejemplo, la verdadera realidad del país. Fue un gran impacto. La lucha fuera del ballet era la misma que dentro. Esta experiencia duró dos años. Alicia me dio la posibilidad de volver a la compañía. Y fueron tres años más dentro del BNC, años también muy importantes para mí.

¿Qué experiencia te ha dejado el exilio?
El exilio es horrible. El hecho de que no haya posibilidades de regresar, que es lo que lo hace exilio, es algo terrible. Pero hay que aprender a dejar las cosas en un lugar donde no nos duelan. Ese proceso implica tremenda energía. Muchas calles de Madrid se me confundieron con las de La Habana Vieja, no porque yo caminara tanto en La Habana, sino solo porque sabía, en lo más profundo, que no iba a regresar nunca más.
Sí, efectivamente era una decisión, parte de una reflexión, no tenía otra salida. Aunque sí las había y había tratado antes sin conseguirlas, esa del exilio en el que vas y vienes, y que no es, en rigor, un exilio. Pero para eso tienes que pactar con algunas cosas. Y no fue posible.
Al exilio le debo una segunda parte en mi vida en la que crecí y crezco y aprendo mucho, no sin dolor. Pero sí en paz. En el arte no rechazo nada si no es absolutamente necesario. El exilio me ofreció muchas oportunidades. Algunas las aproveché, otras no he estado lista para aprovecharlas. He encontrado amigos entrañables, para siempre. Nuevas formas de ver la vida y de vivirla. Miami se convirtió en mi casa. Como lo son también Madrid y Barcelona.

Tu primera gran experiencia coreográfica fue 'Cecilia Valdés', que bailaste en el Miami Auditorium, en el 2002. ¿Qué es para ti la coreografía?
Respeto mucho a los coreógrafos. Ser coreógrafo es un privilegio. Tener el talento de crear un vocabulario con el cuerpo. Sí, me inquieta la coreografía. Me considero una intérprete. Cecilia Valdés más que un enfoque mío hacia la coreografía, fue una oportunidad para animar un proyecto que era un sueño desde el 1996, el Ballet Cubano, primero, y el Ballet Rosario Suárez, después. Un arduo trabajo dentro del estudio, que nunca pude llegar a cumplir en el plano económico, pero del que guardo en el recuerdo, constancia de su triunfo en la escena para el público que lo disfrutó.
También de las buenas críticas que conseguimos. Cambiando de nombre de Ballet Cubano a Ballet Rosario Suárez, pero siempre con el deseo de dar lo que sentía que era lindo dar. En esa aventura me acompañó Marlén Urbay, y su padre José Ramón Urbay. Marlén es una soñadora que sigue en pie de lucha con su orquesta de cámara. Ellos me acompañaron en otras aventuras como Coppelia, Grand Pas de Quatre.
Alberto Méndez también me dejó soñar una noche con su Tarde en la siesta que estrenamos en el Teatro Artime, con alumnas que eran de NWSA y que se unieron al proyecto, entre ellas, mi hija, que ya se había graduado. Bailé con ellas, hice la Consuelo, ya no era tiempo para seguir con la Soledad que fue uno de mis roles más amados. Hasta Fernando Alonso visitó nuestra Academia. Nos vio en clases y tuvimos la suerte de oírle opinar sobre el trabajo. También nos visito Joaquín Banegas. ¡Hubiera sido tan hermoso poderlos tener con nosotros!

En el año 2000 en el festival 'Madrid en danza', estrenaste la coreografía 'Anna Pavlova, diálogos del alma'. Roger Salas vio la similitud entre la historia de Pavlova y la tuya. Según él: 'Ambas son estrellas y mensajeras, cada una de su tiempo, de algo intangible y hermoso: la danza; también ambas huyeron de las tiranías humanas y profesionales de un gran ballet y prefirieron sus grupos pequeños. Son historias llenas de dolor y de belleza, de éxitos y de rutas errantes'. ¿Verdaderamente era así cómo te sentías: una estrella errante?
Roger Salas no solo es crítico de danza, sino que ama la danza apasionadamente, lo cual no siempre coincide en la misma persona. Por supuesto, la comparación es muy bella. Él ha sufrido el exilio y sabe de ese dolor inevitable. Efectivamente, después que dejamos el lugar donde nacimos, empieza algo muy parecido a la vida errante.

En 2008 reconstruiste el famoso 'Grand pas de quatre', coreografía de Jules Perrot de 1845, reliquia del romanticismo, y lo presentaste en el Vail Internacional Dance Festival en Colorado. ¿Cuál fue tu aporte a este ballet?
El Grand pas de quatre que trabajé para las muchachas del pequeño grupo que se llamó Ballet Rosario Suárez, era la versión de Alicia Alonso que pertenece al repertorio del Ballet Nacional de Cuba. Fue una buenísima oportunidad para que las bailarinas pudieran disfrutar el trabajo de una obra romántica, de alto nivel artístico. Lo hicieron tan bien, que las invitaron a participar en ese importante Festival.

Y el año pasado, en el Teatro Byron Carlyle de Miami Beach estrenas 'La última función', donde interpretas textos de Abilio Estévez. ¿Cómo surgió el trabajo con nuestro amigo, ya consagrado novelista y dramaturgo? ¿Sigues abierta a nuevas propuestas?
Conocí a Abilio Estévez hace años, en casa de Silvia y Elsa Nadal, otros nombres en Miami que se asocian al apoyo al teatro. Conversando, hablamos de una idea que siempre me fascina y que tiene que ver con la necesidad de permanecer bailando para siempre, y del impedimento que significa el deterioro físico. Fue una noche de planes que quedaron detenidos, porque no me atrevía a escribirle mis ideas al dramaturgo. Tenía que esperar a volverle a ver, imagínate, cuánto tiempo pasó. En el 2007, después de siete años, por esas cosas de la vida errante de que hablábamos, fui a parar a su casa en Barcelona, mientras yo daba clases en el Instituto del Teatro, y poco a poco empezó a tomar forma lo que luego fue la obra, y, por supuesto, mi tentación de actuar y bailar se hicieron realidad.
Creo que le hemos tomado el gusto a la experiencia. Y seguimos soñando otros proyectos.

De esa obra de Abilio Estévez, escribió el también novelista Antonio Orlando Rodríguez: 'El entrenamiento de Rosario Suárez en la pantomima se hace evidente en la precisión con que logra transformarse en una niña —cuya ligereza y picardía remiten a la Lisette de 'La fille mal gardée'—, en una seductora mujer o en una anciana devastada. La bravura de su entrega, que llega a ser casi visceral en la exigente escena ante el espejo, es el mayor atractivo de esta indagación en el conflicto del bailarín con su cuerpo y con los años'. ¿Tienes esa guerra en tu interior al ver que hay jóvenes con formación impresionante?
Mi gran guerra es tratar de ser mejor de lo que era antes. Hoy por hoy los bailarines no son una elite. El público es cada vez más amplio y eso es fantástico. Los jóvenes tienen cada vez más acceso a estudiar danza, ballet, música. A veces estudian varias disciplinas, incluso siendo muy jóvenes. Pueden conseguir un rico arsenal de conocimientos. Pero además un artista verdadero tiene una misión más grande y difícil, entregar el alma, por decirlo así aunque suene tremendo. Desarrollar aún más su sensibilidad para poder influir en el público como guía a la belleza, a lo constructivo, y aliviarlo, inquietarlo, esperanzarlo, emocionarlo, hacerlo reflexionar.

¿Qué me dices del británico Lindsay Kemp, bailarín, actor, mimo, coreógrafo, pintor que sigue actuando y haciendo espectáculos con una edad tan mayor? ¿Te ves por ese camino?
Me atrae la escena. Me atrae el camino que tomamos para llegar a ella. Pero inevitablemente tiene que existir la necesidad de comunicación, y que consigamos esa comunicación con belleza, con todo lo amplio que significa la palabra belleza.

Sé que eres comedida, prudente, atinada. ¿Escribirías tus memorias a lo Isadora Duncan o a lo Carlos Acosta?
No hay tiempo de hacer todo lo que quisiéramos. Comprendo que para otros puede ser muy interesante develar los misterios de aquél que siempre hemos visto en escena y que solo conocemos por ella. Uno tiende a intentar aclarar y explicarse esos misterios. Pero ver a Carlos Acosta bailar es un tremendísimo misterio de la vida. ¡Qué placer! ¿Para qué quiero más?

El documental de Marisol Trujillo 'Mujer ante el espejo' (1981) cuenta tu embarazo y recuperación física. Digamos que ese fue tu debut cinematográfico. ¿Te gustó la experiencia? Ahora está en producción otro documental sobre ti, tu tercera experiencia en el cine: 'Bailarina sola busca compañía', de Orlando Rojas. ¿Nos puedes dar algún adelanto?
El documental de Marisol Trujillo fue una idea estupenda y una experiencia muy bonita en un momento insuperable en cuanto a la alegría. Acababa de dar a luz a mi hija Paula y sabía que muchas personas tenían una idea muy lejana de la realidad con respecto a las bailarinas y la maternidad, y fue un éxito. En cuanto al documental de Orlando Rojas, creo que pasa algo similar en cuanto a su interés. No es mi vida lo que más pesa en esa idea, sino la circunstancia de que muchos de los que hemos dejado nuestros países, no solo cubanos, pueden verse reflejados en esas imágenes, en situaciones similares, buscando un lugar. Como dice un amigo mío, no podemos cansarnos, hay que seguir buscando, buscando, siempre.

¿Qué sientes cuando suena la música, se descorre el telón, se encienden las luces y te sabes ante un público ávido por verte?
Cuando suena la música, no necesito el telón. Te confieso que bailo inmediatamente. No importa dónde ni cómo esté. Es algo que ya está en la mente, o en la sangre, quién sabe. Y al público lo reconozco antes de llegar al escenario. Cuando se abre el telón, allí solo debe estar la magia que es, al fin y al cabo, lo que el público ha venido a buscar.

Sé también que no te gusta hablar de Alicia Alonso y que mi pregunta puede ser un tópico, pero dime lo primero que te pase por la cabeza.
La existencia de Alicia Alonso hizo posible que Fernando y Alberto Alonso cumplieran el sueño de una Escuela Cubana de Ballet que me formó y me dio tantos años en un arte que no solo es el sentido de mi vida, mi vida misma, sino que sigue siendo mi pan de cada día. Hay más cosas que podría decir, pero serían muchas.

¿Volverías a bailar en Cuba?
Sí, por supuesto que sí, bailaría en Cuba otra vez, pero todo tiene su momento y la vida, la historia, no se detiene y va hacia delante. ¿Quién sabe cómo esto pudiera suceder?

Sunday, August 21, 2011

PHOTOGRAPHY-ART: Close Up De TRES por Javier Padura

PHOTOGRAPHY-ART: Close Up TRE Javier Padura

"Close Up TRE" exposicion de Javier Padura

Cualquier encuentro con su identidad, tanto artística, como espiritual ofrece una invitación a su mundo interior. Javier Padura Fuentes (Mantilla, La Habana, 1959), como un niño precoz que redescubre constante la realidad, se define en la búsqueda del placer, en la construcción de difusas identidades y manifiesta en su obra una originalidad y atemporalidad poco común.
Cuando el espectador esta frente a la obra de Javier Padura, es testigo de una realidad vívida, a veces deforme y brutal, donde las sensaciones se muestran, se manifiestan y los sentidos se estimulan. Su obra habla, hay música, hay movimiento y la sexualidad viaja desde la ternura pueril y apacible hasta una sexualidad violenta, palpable y a veces confusa; pero siempre perdurable en la memoria y reconocible por los rasgos de identidad ligados a este pintor.
La obra de Padura es un viaje sin memoria, es un viaje apolítico, atemporal y sin fronteras que nos lleva de la mano por el trópico mestizo que se enfrenta sin remedio a una modernidad y una interculturalidad que se resiste a su propio fracaso. Su trabajo no muestra mitos, ni leyendas patrióticas, ni temas históricos o consignas políticas, de ahí su universalidad que parte desde un punto oscuro y mínimo y se expande, crece, con trazos majaderos que alegran al ojo e invitan a la reflexión mesurada y plural.
Su propuesta es inquietante porque nos propone viajes desconocidos por ángeles caídos, eróticos y viriles hasta el impudor; es inquietante porque nos introduce a un folklore cubano desmitificado y sin ideologías tendenciosas. Su obra nos alarma porque nos lleva de la mano a mares profundos llenos de peces que nos recuerdan a nosotros mismos nadando en la inmensidad y en una locura incomprensible de la cual no podemos escapar aunque nos rodee el color y la aparente belleza. Padura nos obliga con su pintura a la metáfora y a perdernos en un mundo irreal que nos atrapa en la constante búsqueda de la razón y la verdad. Javier Padura nos marca la memoria con su libertad de creación y expresión personal con óleos y acrílico sobre tela texturizada; nos enreda en unos cuerpos humanos que se entrelazan con troncos y arbustos donde la presencia de su formación gráfica se devela en perennes trazos lineales de tinta negra y donde el negro como color de base o sombras es ausente y pretexto distintivo de su obra.
Por: Frankionora Hernandez.
Lic.: Lengua y Literatura Rusa, Español.
Amiga.

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ALEX FLEITES habla sobre Javier Padura

El arte, no vale la pena engañarnos, tiene como primer e imperioso objetivo suscitar amor. El intenso ejercicio de darse, de exponerse a la mirada ávida del otro, entraña una alta dosis de generosidad y, ¿por qué no decirlo?, de desgarramiento. Exactamente como la práctica amatoria. Hacemos arte porque aspiramos a ser queridos. Y después viene todo lo demás.
Javier Padura tiene una paleta intensa. Con ella plasma torsos, máscaras, fragmentos abigarrados del ser que lucha por conservar su pugna en el espacio. A los recursos meramente pictóricos, opone técnicas gráficas que enmarcan doblemente el objeto de representación. Es como si quisiera decirnos: “hasta aquí los límites que sugiero; más allá está el abismo, la experiencia, la intrincada trayectoria de cada cual”.
Puesto a preferir, elijo los torsos por su poder de seducción, de sugerencia, y los antepongo a las máscaras, los rostros inevitablemente más violentos, que tanto me dicen como me hieren. Estoy hablando de gustos, de los necesarios escamoteos que el corazón –esa “prodigiosa zona del cerebro”–impone.
Habeas corpus se llama esta muestra porque el artista quiere imponer ese recurso a su favor: ser juzgado, pero con todas las de la ley: con la seguridad de que si no aceptado unánimemente, al menos su discurso será atendido con todas las “garantías procesales” por aquellos que en nuestro intenso país legitiman el arte, pontifican y reparten jerarquías.
Pero, más que eso, Padura nos convoca a la íntima comunión con un mundo representacional que se afirma y niega a cada momento, en un pase de balance, no exento de claroscuros, donde se muestran caminos desbrozados y, lo que sin duda es más trascendente y motivador, los senderos por donde, ahora mismo, ya está discurriendo, a mares, la pintura.

ALEX FLEITES



Javier Padura Fuentes.

Mantilla, La Habana, 9 de marzo de 1959.
Graduado en el Instituto Superior de Diseño Industrial (1987).

Actividades profesionales relevantes:

Actualmente trabaja como Creador Independiente.
Pertenece al Fondo Cubano de Bienes Culturales.
Obras en instituciones cubanas, y en colecciones privadas en España, Suiza, Colombia y Estados Unidos.
Exposición personal Con Trazos Majaderos, Galería Belkis Ayón, Vedado, Cuba, (2011).
Exposición personal Hábeas Corpus, Oficina de la Unión Latina en Cuba (2006).
Exposición colectiva, Feria del Habano (2000).
Exposición personal Mascarada, Hotel Inglaterra (1999).
Exposición Personal Hecho en Cuba, Galería 10 de Octubre (1996).
Premio Arte-Cuerpo, Galería Her-Car, Arroyo Naranjo (1995).
Premio Combate de plástica, Galería Her-Car, Arroyo Naranjo. (1994).
Feria Cubamodas (1991 y 1992).
Realización de telas pintadas a mano en el atelier La Maison (1990-1994).
Exposiciones colectivas de la ACAA, de confecciones con telas pintadas a mano.
Textiles pintados a mano.
Diseños de serigrafía téxtil, en la Empresa de Artesanía y Cerámica, del Poder Popular, Ciudad de La Habana. (1987-1990)
Close Up TRE Miami 2011

Saturday, August 6, 2011

El Ballet Cubano Clásico de Miami actúa por primera vez en España

El Ballet Cubano Clásico de Miami actúa por primera vez en España

Este viernes y sábado, cerrando el Festival de San Lorenzo de El Escorial
'Noche española' recorre fragmentos españoles del gran repertorio

Kaleena Burks y el bailarín Christopher Fernández en ’Carmen’, uno de los números principales de ’Noche Española’

JON BANDRÉS BENGOECHEA
05.08.2011
Los bailarines apuran las últimas horas ensayando en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial para su primera actuación en España. Son parte del Cuban Classical Ballet de Miami (CCBM); conjunto fundado en 2006 con el objetivo de mostrar al mundo que "la escuela cubana de ballet no sólo está dentro de la isla" y representar a Cuba, desde el exilio.

Pedro Pablo Peña, director artístico de la compañía, nos cuenta que ese fue su propósito cuando fundó hace seis años la compañía. Peña, que también es director del Festival Internacional de Miami, explica a RTVE.es, en un alto en los ensayos, que actualmente la compañía está formada "sobre todo por cubanos refugiados, pero también bailarines de otras nacionalidades, venezolanos o estadounidenses" .
Kaleena Burks y el bailarín Christopher Fernández en ’Carmen’, uno de los números principales de ’Noche Española’
"La escuela cubana es una gran escuela dentro del movimiento danzario internacional", apunta Peña quien perteneció en el pasado al Opera Ballet de la Habana, el Ballet Nacional de Cuba, y el Teatro de la Música de La Habana. Y sigue explicando que en el caso del CCBM, la tradición cubana se ha enriquecido con elementos de otras escuelas de ballet como la francesa o la estadounidense. Se trata de la única compañía que practica, en sentido estricto, hoy en día, la danza clásica en el sur del estado de La Florida.

Noche española
Para esta primera actuación en tierra española que supone "un honor" para la compañía, en palabras de Peña, han preparado un programa "ad hoc". Se trata de bailar fragmentos relacionados con España y el baile español, presentes en el gran repertorio, como es el caso de la "danza española" que aparece entre danzas de otras nacionalidades en el tercer acto de El lago de los cisnes; ballet con coreografía de Marius Petipa y músíca universalmente conocida de Chaikovski.

Otros números que se interpretarán serán la Suite del Grand pas de Paquita y el Pas de deux del tercer acto de Don Quijote, ambos con coreografía original también de Petipa y música de Ludwig Minkus o Carmen (su Pas de deux) en una versión que creara el coreógrafo cubano Alberto Alonso para Maya Plisetskaya en el Teatro Bolshoi de Moscú hace más de 40 años y que hoy día tiene la consideración de todo un clásico.

Estrellas cubanas y española
El programa se completa con la farruca de El molinero (de El sombrero de tres Picos' de Falla, en la coreografía de Antonio el Bailarín), que estará interpretado por Sergio Bernal -un prometedor bailarín español de 20 años- como solista invitado.

Los primeros bailarines estrellas cubanos residentes en los Estados Unidos son Lorena Feijoo, Xiomara Reyes, , Nelson Madrigal, Reynerys Reyes y Rolando Sarabia, a quien llaman, como cuenta Peña, "el Nijinsky cubano".

Noche Española se completa con unos invitados especiales de excepción: dos estrellas españolas de ya largo recorrido, María Alonso y Ángel Roda, que acompañarán a la plantilla de solistas del CCBM bailando un número que complementa una visión del patrimonio universal de la danza española en el ballet: un pas de deux de Escuela Bolera, creado por la gran bailarina y coreógrafa Aída Gómez atendiendo a la rica tradición de pasos y combinaciones que desde los tiempos del Romanticismo tanto han influenciado en el ballet clásico.

Monday, August 1, 2011

nota

El dueño de este blog, no es responsable por las criticas y cometarios de los colaboradores. Las reseñas sobre eventos son basadas en criterios propios de los que las suscriben. En días pasados hubo contrariedades por una reseña de un colaborador, la cual esta siendo analizada.
Si el autor de este blog encuentra execración y malevolencia en dicha nota trataremos de retirar la misma. Por el momento se ha publicado una reseña del estimado periodista Orlando Tackechel, quien amablemente cedió a este blog, donde se define el mismo suceso cultural con una clara imparcialidad y sensatez. El hecho de ser de este blog es promover eventos culturales en la ciudad de Miami y un portal donde los acontecimientos que tengan importancia para el arte y la cultura encuentren su espacio y promoción. El dueño de este espacio agradece cualquier opinión, sugerencia o nota al respecto sobre cualquier cosa que aquí pueda publicarse.
Pido disculpas adelantadas a los afectados. Sinceramente
El autor.


BERNARDO DIEGUEZ

Las primeras funciones de una nueva compania Orlando Taquechel

Las primeras funciones de una nueva compañía

Orlando Taquechel
Especial/El Nuevo Herald
El Florida Classical Ballet (FCB), la nueva compañía creada por Magaly Suárez (que antes fué co-fundadora del Cuban Classical Ballet of Miami, uno de los proyectos más exitosos de la historia reciente de la danza en Miami) debutó este fin de semana en el acogedor teatro Olympia del Gusman Center for the Performing Arts.

Procedente de Pompano Beach, el FCB (en español, el Ballet Clásico de la Florida) conquistó ampliamente al grupo de entusiastas de la danza que asistió el sábado para presenciar el programa concierto creado para la noche de apertura y que incluyó dos obras de grupo (el exigente Grand Pas de Paquita y el encantador Pas de Six de La Vivandiere), un solo contemporáneo y cinco pas de deux del repertorio académico tradicional.

Junto a los bailarines del grupo (algunos aún en proceso de formación pero todos claramente entrenados con atención al detalle) viajaron a Miami una media docena de figuras ya establecidas a nivel mundial y ligadas a la reconocida trayectoria de Suárez como maestra y directora artística. La presencia de estos en la segunda parte del programa transformó la ocasión en un acontecimiento importante.

La función había comenzado con un Paquita Grand Pas (música de Minkus y coreografía de Marius Petipa) algo vacilante protagonizado por Krista Ettlinger e Ignacio Rivera, con Anneliese Straw, Michelle Chaviano y Gaetano Amico III en el pas de trois. Aún así, Ettlinger y Amico consiguieron dejar una buena impresión.

La francesa Adeline Pastor, bailarina principal del ballet Aalto en Essen, Alemania, abrió la segunda parte del programa de manera magnífica con el solo Piaf (Non, je ne regrette rien), un fragmento extraído del ballet La Vie en Rose del coreógrafo belga Ben Van Cauwenbergh, y cerró la función con autoridad exuberante junto a un refinado Joseph Michael Gatti en el Don Quijote Pas de Deux.

Pastor comenzó a interpretar Piaf cuando todavía una buena parte del público estaba ocupando sus asientos pero la fuerza de su actuación puso en suspenso a todos los presentes y definió la noche como una experiencia inolvidable. Las piruetas de Pastor son algo que hay que ver para creer pero ella es también una actriz llena de recursos interpretativos nada despreciables.

Si ella hubiera sido el único momento brillante del sábado su presencia habría justificado plenamente la visita al Gusman Center pero, por supuesto, hubo mucho más en la segunda parte del programa.

También excelentes resultaron ser el mexicano Isaac Hernández, solista del San Francisco Ballet que bailó el pas de deux de La Sylphide con la sensible Venus Villa, bailarina cubana del National English Ballet, y Jordan Elizabeth Long (ahora con el Royal Swedish Ballet) que interpretó con aplomo exquisito el pas de deux de Diana y Acteón junto al gallardo Jaime Francisco Díaz.

Sin olvidar la vitalidad de Madison Keesler y Ernesto Borrayo en el breve Spring Waters Pas de Deux, la fluidez encantadora de Alaia Rogers y Jeffrey Ciro en Carnival in Venice Pas de Deux (música de Cesare Pugni y coreografía de Marius Petipa) y el desempeño siempre en armonía de Mifa Ko y Diego Cruz en La Vivandiere, acompañados con esmero por Annelise Straw, Alejandra Rodríguez, Mallory Hendricks y Claudia Fernández.

En resumen, este ha sido un buen debut para la joven compañía y un logro indiscutible para Suárez al conseguir armar un grupo capacitado para tomar de las manos a los espectadores e invitarlos amablemente a disfrutar de una experiencia elegante y clásica. •



Read more: http://www.elnuevoherald.com/2011/06/29/969749/las-primeras-funciones-de-una.html#ixzz1Tnkodfze

Wednesday, February 16, 2011

''LAS PENAS SABEN NADAR''

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''LAS PENAS SABEN NADAR'' Premiada en los Miami Life Award como Mejor Monólogo del Año con la actuación de Alexander Otaola y la Dirección de Ernesto Molina, se presentará en única función en el Teatro HAVANAFAMA el Viernes 11 de Marzo a las 8:30 pm en el marco del Festival del Monólogo ! Si no la ha visto, ésta es la oportunidad !